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Dostema: Una conversación entre amigos

KEANI VONGE & NAJIBULLAH SAFI  |  14 DE FEBRERO 2020  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS

Muro de palabras. Foto de Keani Vonge.

Dostema (دوست مه) significa "amigo mío" en dari, una de las muchas lenguas que se hablan en Afganistán. En francés decimos mon ami. La historia que sigue ha sido escrita por dos amigos cuyos caminos se cruzaron hace tres años en la ciudad de Toulouse. 

Dejar atrás tu país de origen es una experiencia muy dolorosa.

Es la última vez que estás en casa, recogiendo apenas un par de zapatos, una camiseta y unos vaqueros. Dices adiós a tu familia, pero no tienes la oportunidad de decir adiós a tus amigos, a las personas con las que creciste. No sabes cuándo podrás volver a visitarlos, o si podrás acaso regresar alguna vez a tu país. Entonces llegas a este país nuevo, con una nueva cultura y un nuevo idioma. Has perdido a tu familia y con ellos has perdido toda esperanza. Es muy difícil – casi imposible – rehacer tu vida aquí.

Eso fue antes de que te conociera.

La primera vez que hablamos fue a las orillas de un lago. Ese día había ido a visitar a un amigo y nos acercamos a ti mientras estudiabas para tus clases de francés sentado sobre la hierba. Recuerdo que tenías tantas ganas de aprender francés que no te importaba cometer errores y estabas feliz de practicar. Tomamos té juntos, parecías muy amable y divertido. Sin embargo, en el camino de vuelta pediste pasar al inglés, porque ibas a tratar cuestiones más delicadas. Allí fue cuando entendí que había dos Najib: el Najib al que le gustaba reír y compartir la alegría con su entorno, y el Najib cuya mente siempre volvía al país dejado atrás y a los seres queridos que allí habían quedado. 

Recuerdo que no me sentía bien en aquel tiempo, pero cuando que te decía que me dolía la cabeza, tú intentabas sacarme de mi apartamento. Eras part de una asociación de estudiantes que organizaba actividades para los refugiados, y cada vez que había una actividad, tú me invitabas e íbamos juntos. Visitamos museos y parques y fuimos a clase de baile. A veces comíamos kebabs o paseábamos por la ciudad. La mayor parte del tiempo hablábamos de las lenguas y las costumbres de nuestros países.

A veces también iba a visitarte a ti y a tus amigos de aquellos apartamentos compartidos. Estaba admirada de ver a afganos y sudaneses llevándose tan bien, hablando entre sí en francés, jugando al fútbol y a juegos de mesa hechos en casa. Había un sentimiento de comunidad tan fuerte que cada vez que alguien obtenía el estatus de refugiado había una gran fiesta para celebrarlo, y cada vez que alguien recibía malas noticias todo el mundo parecía triste. Me lo pasaba tan bien aquellas noches, bailando al son de música sudanesa, viéndote interpretar bailes tradicionales afganos y probando comida deliciosa. Pero estos momentos de alegría duraron poco.

Hay un proverbio en mi país que dice que antes de elegir a tus amigos tienes que ponerlos a prueba. En cierto modo, esto ocurrió con nosotros, ya que antes de que pudiéramos realmente disfrutar de buenos tiempos juntos, tú estuviste a mi lado durante los momentos más difíciles. Cada vez que sentía que perdía la esperanza tú tratabas de devolvérmela para que pudiese seguir adelante.

Un día fuimos juntos a la prefectura y yo salí sola. Todo a causa de una ley europea, llamada “Reglamento de Dublín”, que dice en esencia que solo puede haber un Estado europeo responsable de examinar una solicitud de asilo. Ese día te llevaron a un centro de internamiento con la intención de llevarte de vuelta a Dinamarca, donde ya habían rechazado tu petición de asilo. Cuando salí de la prefectura, empecé a llorar; pero luego me dije a mí misma que tenía que ser fuerte por ti. Así que saqué mi teléfono, llamé a un abogado y me subí al primer autobús en dirección al centro de internamiento.

He perdido muchas cosas en la vida pero no pensé en nada de eso cuando me llevaron al centro de internamiento. Solo pensé en dos cosas: que había perdido a mi mejor amiga y que le había dicho a Marion que iría a ayudar a repartir verduras para los demás refugiados esa tarde. Recuerdo que cuando salí del centro de internamiento, las personas que os pusisteis más contentas de verme fueron Nathalie, Pauline, Johanna y tú. No pude volver a mi anterior apartamento por mi situación legal, así que me dejaste quedarme en tu piso y tú te fuiste al de tu novio. No creo que muchas personas hubieran hecho eso y siempre te lo agradeceré. 

Para mí era obvio que tenía que luchar junto a ti, porque no quería perderte. Con suerte, no estaría sola. En los días siguientes a tu detención descubrí lo querido que eras: me escribió mucha gente para organizar juntos tu defensa y nos pusimos manos a la obra. Pero pronto descubrimos que el internamiento era solo el principio de tu pesadilla administrativa, que duró meses.

Cuando recibí la primera resolución negativa, quise irme a otro país. Mis amigos afganos intentaron convencerme de que me marchara sin decírtelo, pero era imposible para mí. Te conté mis planes, y dijiste que marcharme sería un error pero que me apoyarías hiciese lo que hiciese. Me dijiste que la vida aquí sería difícil, pero que al menos podríamos encontrar una solución juntos. Así que me quedé.

Rechazo tras rechazo, nos aferramos a la esperanza de que algún día se te permitiría empezar una nueva vida en Francia. Finalmente, después de 18 meses aquí, te dieron permiso para solicitar asilo y recibiste protección. Ya no vivíamos en la misma ciudad cuando recibiste la resolución, pero compartimos ese momento juntos por teléfono, y no puedo expresar la alegría y el alivio que sentí en ese momento.

Aquellos tiempos difíciles han quedado hoy atrás y no puedo dejar de pensar que todas las cosas buenas que han pasado en mi vida fueron gracias a ti. Me siento muy orgulloso de ser tu amigo y espero que todo el mundo tenga la suerte de encontrar una amiga como tú.

Keani Vonge & Najibullah Safi

Keani nació en Tahití y estudió en la ciudad de Toulouse. Tiene un máster en ciencias políticas y escribió su tesina sobre la implementación del Reglamento de Dublín a nivel local. Ha sido voluntaria en varias organizaciones que proporcionan apoyo legal a solicitantes de asilo en Francia y en Grecia y los temas que le apasionan son la migración y los derechos de las mujeres.

Najib nació en Afganistán. Tiene 27 años y se graduó del Instituto Ghulam Haider Khan en 2011. Luego trabajó en AWCC (Afghan Wireless Communication Company) hasta 2015. Su vida corría peligro en su país así que se marchó y vino a Europa. Ahora lleva viviendo en Francia, en la ciudad de Toulouse.

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