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El Pacto Mundial sobre Migración, de un vistazo

MAGDA RODRÍGUEZ DEHLI  |  15 DE MARZO 2019  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS  |  NÚMERO 2

El 19 de diciembre de 2018, 164 jefes de Estado y de gobierno adoptaron el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular en una conferencia de Naciones Unidas en Marrakech. Este acuerdo es el resultado de un proceso de negociación de dos años que constituye un hito histórico en la política migratoria internacional. Como tal, ha recibido mucha atención mediática y política, con propósitos no siempre igual de honestos. Este artículo se suma a la conversación en torno al Pacto Mundial sobre Migración con el objetivo de aclarar el contenido del texto, sus rasgos principales y sus limitaciones.

La importancia del Pacto se basa en dos factores. En primer lugar, nunca antes ha habido un acuerdo internacional sobre migraciones – una cuestión delicada de tratar a nivel multilateral, dado que apunta al núcleo de la soberanía nacional de los países – de un alcance tan amplio y multidimensional. Los esfuerzos previos se habían concentrado en aspectos particulares de las migraciones (como la Convención sobre Trabajadores Migrantes de 1975 o el marco para la promoción de la salud de refugiados y migrantes de la Organización Mundial de la Salud de 2017), o en las situaciones de los migrantes (como los protocolos contra la trata y el tráfico ilícito de personas). Por otro lado, el clima político de creciente xenofobia y aislacionismo despertó muchas dudas sobre la viabilidad del acuerdo ya desde 2016, cuando la Declaración de Nueva York sobre Refugiados y Migrantes abrió la puerta a las negociaciones que llevaron a los dos respectivos Pactos Mundiales.

 

La naturaleza del texto ha sido moldeada por estas circunstancias. El Pacto Mundial sobre Migraciones, como se ha subrayado con frecuencia, es un acuerdo no vinculante. Proporciona un marco para los Estados que eligen voluntariamente cooperar entre ellos y con otros actores, sin imponerles ninguna obligación internacional. Esto hace que sea más flexible para los firmantes, al tiempo que mantiene su fuerza política y representa un compromiso común. El Pacto entronca con la dimensión de desarrollo de las Naciones Unidas, en concreto la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y la Agenda de Acción de Addis Abeba. Refleja dos preocupaciones fundamentales: la necesidad de incluir a todos los actores implicados en las migraciones, desde alcaldes hasta periodistas, en la redacción y la implementación del acuerdo; y la urgencia de tratar la difusión de información falsa sobre migraciones en la política y la sociedad.

 

¿Qué dice realmente el Pacto Mundial sobre Migración?

 

A pesar de todas las historias fantásticas que circulan sobre su contenido, el Pacto no reconoce ningún derecho humano nuevo (como, por ejemplo, un “derecho a migrar”), ni establece cuotas de inmigración para países receptores. Incluye 10 principios y 23 objetivos, cada uno de los cuales contiene un número de acciones a las que se comprometen los Estados, y crea algunos  mecanismos para su aplicación.

a)   PrincipiosDesplace el cursor sobre el gráfico para ver los principios rectores del Pacto (solo accesible para ordenadores).

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b) Objetivos. Los objetivos del Pacto pueden agruparse en cuatro categorías. Haga clic en cada uno de los cuadros y en los iconos para saber más sobre ellos (solo accesible para ordenadores).

Seguridad

Integración

Mayor cooperación

Desarrollo

Algunas de las acciones relativas a estos objetivos incluyen:

 

  • Mejorar la recopilación de datos nacionales integrando aspectos relacionados con la migración en los censos nacionales;

  • Prohibir la confiscación de los contratos de trabajo y los documentos de viaje o identidad de los migrantes, a fin de evitar abusos;

  • Evitar que se considere ilegal prestar asistencia exclusivamente humanitaria a los migrantes;

  • Establecer cauces para la coordinación transnacional y puntos de contacto para las familias que busquen a migrantes desaparecidos;

  • Facilitar el acceso a la justicia y a la posibilidad de denunciar sin temor a ser detenidos, deportados o castigados de las víctimas o potenciales víctimas de trata;

  • Proteger la unidad familiar y velar por que cualquier persona que afirme legítimamente que es menor sea tratada como tal.

  • Velar por que no se promueva la detención de inmigrantes como medida disuasoria ni como forma de trato cruel, inhumano o degradante;

  • Dejar de asignar fondos públicos a los medios de difusión que sistemáticamente promuevan la intolerancia, la xenofobia, el racismo y otras formas de discriminación contra los migrantes;

  • Elaborar normas para el reconocimiento mutuo de las cualificaciones extranjeras y las aptitudes informales;

  • Posibilitar la participación y el compromiso político de los migrantes en sus países de origen, incluso en los procesos de paz y reconciliación, en las elecciones y en las reformas políticas.

 

Lo bueno, lo malo y lo ausente

 

El Pacto Mundial sobre Migración ofrece una poderosa plataforma para empezar a hacer política migratoria de una forma nueva. Más allá de introducir nuevos compromisos como los arriba destacados, el Pacto trata de simplificar los procedimientos administrativos en un amplio abanico de cuestiones relacionadas con la migración, desde la asistencia consular hasta preservar los beneficios de la seguridad social de los trabajadores migrantes. Refuerza los derechos humanos en contextos donde no siempre están garantizados y pone los datos y el conocimiento en el centro de la elaboración de políticas. Otra innovación bienvenida es la inclusión de disposiciones sobre movimientos migratorios relacionados con los desastres naturales y el cambio climático.

Por otro lado, el Pacto también presenta algunos aspectos problemáticos. Primero, la división categórica que establece entre migrantes y refugiados podría perjudicar más que beneficiar a aquellos en movimiento. Basándose en la decisión de 2016 de preparar dos Pactos Mundiales, uno sobre refugiados y otro sobre migrantes, el párrafo 4 declara que estos son “dos grupos distintos que se rigen por marcos jurídicos separados”. Dejando a un lado la discusión teórica, excluir explícitamente a los refugiados del Pacto Mundial sobre Migración los priva de beneficios, como la protección reforzada frente a la discriminación o las facilidades para transferir remesas. Esta distinción también pasa por alto los marcos de protección regional (como el americano) que definen a los refugiados de manera más amplia y podrían conceder protección y refugio a personas que con el régimen del Pacto quedarían clasificadas como “migrantes en otras situaciones precarias” (párrafo 21.g).

 

Otra cuestión compleja es la relación entre migración y desarrollo. El texto reconoce acertadamente el impacto de la migración como un impulsor del desarrollo para todos los países, así como el impacto económico de las remesas y de las inversiones de las diásporas. Sin embargo, se equivoca respecto a la otra cara de este vínculo, al concebir el desarrollo como una manera de contener la migración. Esta premisa, basada en escasa evidencia empírica, aparece en el segundo objetivo (“minimizar los factores adversos y estructurales que obligan a las personas a abandonar su país de origen”) y como uno de los propósitos (párrafo 12). El consenso entre académicos y profesionales en este campo, sin embargo, es que la disponibilidad de medios y la capacidad de desplazarse están directa, y no inversamente, relacionados. Dicho de otra forma, más desarrollo puede llevar a más migración.

 

Un aspecto controvertido más es la criminalización inflexible del tráfico de personas. Si bien los esfuerzos para proteger a migrantes que hayan sido víctimas de sus pasadores o coyotes son loables, expertos como Gabriella SanchezJørgen Carling llevan mucho tiempo sosteniendo que es necesaria una perspectiva más matizada sobre este fenómeno. El tráfico de personas ha aumentado con la creciente securitización de las fronteras y la escasez de rutas seguras y regulares; para aquellos que se desplazan, incluidos los refugiados, con frecuencia los traficantes no son más que proveedores de servicios que ofrecen la única forma de cruzar la frontera. Aplicar mano dura al tráfico antes de poner en marcha vías para los migrantes puede tener consecuencias humanitarias desastrosas. Una vez que disminuya la necesidad de traficantes, su negocio debería decaer por sí mismo.

 

Finalmente, hay algunas cuestiones importantes que quedaron fuera del Pacto. Por ejemplo, fue imposible que los Estados llegaran a un acuerdo para prohibir completamente la detención de niños, limitándose a señalar su preferencia por “las modalidades de atención comunitaria” (párrafo 29.h). Habría sido también interesante tener una definición de lo que el ambiguo lema estrella del Pacto (“migración segura, ordenada y regular”) quiere realmente decir para sus firmantes.

Con todo, el Pacto Mundial sobre Migración es un logro histórico, ambicioso en su alcance y su determinación. Representa un nuevo enfoque global sobre las migraciones internacionales, reconociendo que el movimiento de las personas a través de las fronteras es una realidad imparable que puede ser incluso beneficiosa para todos. En palabras de Louise Arbour, Representante Especial de Naciones Unidas para la Migración Internacional, a raíz de la adopción del Pacto, “en lugar de ignorar el ímpetu de algunos para cambiar de lugar, o peor aún, de intentar aplastarlo con un coste desmedido, ahora nos comprometemos a desarrollar formas más seguras y más justas de gobernar las fronteras”. La implementación del texto revelará hasta dónde está dispuesta a llegar la comunidad internacional después de estos primeros pasos.

Magda Rodríguez Dehli

Magda nació y creció en España y obtuvo un Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, tras haber estudiado en la Universidad de California, Los Ángeles y el Instituto de Estudios Políticos de Lyon, y un Máster en Estudios Migratorios en la Universidad de Oxford. Realizó prácticas en el Ministerio de Asuntos Exteriores y en la Comisión Europea, y en la actualidad está preparando las oposiciones de ingreso a la carrera diplomática. Sus dos grandes aficiones secretas son cantar en la ducha y criticar a políticos ineptos desde el sofá.

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