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Amor en el exilio

CAROLINE LENETTE  |  14 DE FEBRERO 2020  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS

Jardín secreto (London, 2019). Fotografía de la autora.

Tenía 11 años cuando murió mi tío Bhirty. No tengo ningún recuerdo real de él. Se marchó a Francia en 1986, como tantos otros en la diáspora buscando una vida mejor en otro lugar. Se hizo artista, pintor. Nunca regresó a Mauricio, hasta que su cuerpo llegó en un ataúd de plomo en 1992. Entonces no comprendí lo trágico que era morirse a los 32 años.

Mi madre, la mayor de nueve hermanos, era una figura materna llena de dolor, angustiada por no estar al lado de su hermano mientras este moría lentamente en un hospital en París. No podía escuchar su voz tan a menudo como le hubiera gustado en sus últimos días; los precios de las llamadas al extranjero eran desorbitados.

Mi grand-mère, viuda desde 1978, estaba inconsolable, viendo destrozada cómo uno de sus hijos pequeños desaparecía bajo tierra.

No hice preguntas. Después averigüé, a partir de retazos escuchados aquí y allá, que era gay y que había muerto de una enfermedad relacionada con el sida.

Recuerdo que escribía con regularidad a mi madre. Enviaba postales y fotografías de lugares que había visitado. Tengo recuerdos vagos de una invitación a una exposición de pintura en una galería de París. Pensaba que sería un talento reconocido.

Bhirty le regaló a mi madre dos cuadros que se convirtieron en parte de los recuerdos que solían decorar nuestra casa. Uno de ellos cuelga ahora en una pared de mi apartamento en Sídney. 

No pensé en él a menudo a lo largo de los años. Pero en 2018, cuando terminé de escribir mi libro sobre la investigación basada en el arte, mis pensamientos volvieron a dar a los artistas en familia y a Bhirty. Me di cuenta de que no sabía mucho sobre él, no digamos ya sobre su obra. Los susurros que rodeaban su muerte se tradujeron en que yo ignorase por completo su legado. 

Lo busqué en Google. Encontré una página web con información sobre su vida y su fallecimiento, su inspiración como artista autodidacta, e imágenes de su obra.*

Me sentí avergonzada. No sabía nada de esto. ¿Quién había creado este afectuoso tributo a mi tío?

La página web correspondía a una pintoresca casa de huéspedes con un atelier artístico situada en el campo en el sur de Francia. El estilo inconfundible de Bhirty adornaba las paredes de las habitaciones que aparecían en las fotografías. 

Con una mezcla de emoción y enfado, envié el link a mi madre, con la esperanza de que supiera quién estaba conservando la obra de su hermano y compartiéndola en internet. 

Descubrió que el dueño de la casa de huéspedes era la antigua pareja de Bhirty, Stéphane, otro artista de talento. Mi madre, que pensaba que Stéphane había muerto muchos años atrás, volvió a ponerse en contacto con él por email. Menos de un año después, visitó su casa de huéspedes. Pasaron el tiempo hablando de la historia bella y dolorosa que los había unido para siempre, rodeados de la obra de Bhirty. Su encuentro inesperado fue una de las sorpresas más maravillosas de la vida.

Mi madre trajo de vuelta viejas fotografías, dibujos de Bhirty que Stéphane le regaló, y libros con los poemas de Stéphane sobre el hombre al que amó. Anotó lo que había aprendido en sus conversaciones con Stéphane y sus recuerdos favoritos de Bhirty.

Yo descubrí que había sido un inmigrante irregular, un sans-pâpier. Por mi trabajo, he escuchado innumerables historias de personas que viven precariamente con el miedo a la deportación, y tratando de salir adelante desapercibidas. No tenía ni idea de que un miembro de mi propia familia había sufrido esta incertidumbre.

He averiguado más detalles sobre 1992. Grand-mère no había querido que se repatriase el cuerpo de Bhirty a Mauricio, aunque este deseara ser enterrado junto a su padre. Tal vez la vergüenza de tener un hijo homosexual en un ambiente conservador (aunque no está claro que nadie supiese de su identidad) fue más fuerte que el deseo de tener a su hijo de vuelta en su país de origen. Ahora está demasiado envejecida y enfadada con el dios que se llevó a otros tres hijos suyos como para recordar por qué. 

Stéphane no pudo viajar a Mauricio para el funeral. Estaba completamente arruinado después de haber invertido los ahorros de toda su vida en cuidados paliativos para Bhirty. Poco antes de que muriese, Stéphane había organizado una exposición para vender las obras de Bhirty y contribuir así a cubrir los costes. Encararon juntos a la muerte. 

Hice lo que pude por comprender el dolor que debió de sentir Stéphane al verse excluido de este ritual de despedida y no poder visitar nunca su tumba, a miles de kilómetros.

Las fronteras y la distancia determinan la forma de la pena.

En Francia, Bhirty vivió con libertad su relación homosexual, y visitó muchas ciudades gracias a su obra. No podría haber vivido una vida auténtica en su tierra. Tal vez las metáforas que expresaba en su arte buscaban transmitir el dolor de tener que esconder su verdadera identidad a sus seres queridos. 

En Mauricio, su vida y su muerte siguieron siendo un tabú durante muchos años, así que los recuerdos están un poco borrosos. 

Escribí a Stéphane en diciembre de 2019. Pudo intuir que yo estaba buscando respuestas – ¿o tal vez el perdón para mi familia? Le agradó que sus esfuerzos por preservar el legado de Bhirty nos hubieran llevado hasta él, después de tantos años. 

Fue generoso con sus historias para rellenar mis huecos. Sus preocupaciones iniciales sobre la rápida pérdida de peso de Bhirty, su reticencia a usar el sistema sanitario por su condición de sans-pâpier, la angustia de Bhirty cuando supo que iba a morir, y cómo no pensaba nada más que en pintar.

Stéphane apoyó los proyectos artísticos de Bhirty, su única fuente de consuelo. Sus habilidades se perfeccionaron, su estilo misterioso e íntimo se volvió más personal. Sentía la urgencia de canalizar su genio creativo en cada oportunidad.

Bhirty y Stéphane en Château Margaux, Francia, 1989. Cortesía de Stéphane Renaud.

 

Stéphane tiene ahora 60 años y aún encuentra difíciles de aceptar la imprevisibilidad y las injusticias de la vida.

Pero me dijo, con toda su franqueza francesa:

‘No juzgues a los que no estuvieron del lado de Bhirty.

Eran otros tiempos, y la gente hace lo que puede.’

 

La comprensión y la falta de resentimiento de Stéphane me emocionaron. 

Sus palabras me permitieron apreciar esta historia tal como es.

Bhirty se sentiría feliz de que su hermana mayor conociese en persona al amor de su vida. De que su obra – su legado – no tenga fronteras. De que finalmente descansa en paz en el país donde nació.


 

* En www.arts-creation-gallery.com puede verse la obra de Stéphane Renaud y Christian Ménélas (el nombre completo de Bhirty).

Caroline Lenette

Caroline Lenette nació en Mauricio y emigró a Australia en 2005. Le gusta escribir relatos cortos y poesía para complementar su trabajo como académica en la Universidad de Nueva Gales del Sur, Sídney. El libro de Caroline, ‘Arts-based methods in refugee research: Creating sanctuary’ (2019; “Métodos basados en el arte para la investigación sobre refugiados: Creando el santuario”) trata del arte, la narración de historias y la migración forzosa.

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