Mujeres móviles sin teléfonos móviles: Empleadas domésticas indias en el Golfo

DIVYA BALAN  |  23 JUNIO 2021  |  ROUTED Nº15  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS

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Cortesía de la autora.

Sheela (seudónimo) es una mujer de 38 años de Kerala, India, que mantiene a su familia. No terminó su formación universitaria por las limitaciones económicas. Hace cuatro años, como muchas otras en su misma situación, se fue a Arabia Saudí como empleada doméstica de una familia de nueve personas. De vuelta ahora en Kerala, recuerda aquellos dos años en Arabia Saudí y las dificultades que encontró allí.

 

Una amistad de la familia que estaba trabajando en el Golfo gestionó su visado. El marido de Sheela murió en un accidente de tráfico y tiene dos hijos estudiando a los que sacar adelante, además de los préstamos contraídos para la construcción de la casa y otras deudas. Recuerda el alivio en los rostros de sus padres mayores cuando llegó el visado y pensaron que su vida iría a mejor una vez que ella empezase a enviarles “dinero del Golfo” a casa. Sin embargo, a Sheela le preocupaba marcharse sola a un lugar desconocido. Las escenas de la película malaya Gaddama se repetían en su cabeza. No compartió estas preocupaciones con nadie, ya que la perspectiva de emigrar al Golfo y ganar dinero era tentadora. Además, era una oportunidad única para salvar a la familia y garantizar una vida mejor para sus hijos.

 

Durante su tiempo en Arabia Saudí se sintió fuera de lugar y maltratada. Me dijo:

 

“No sabía que debería haber comprado una tarjeta sim en el aeropuerto porque nadie me lo había dicho. Fue un error. Estaba muy nerviosa y no podía pensar en otra cosa que no fuese llegar a mi lugar de trabajo. Me preocupaba más lo que me esperaba allí. Así que tuve que pedir varias veces a mi jefe que me consiguiese una línea telefónica. Cuando por fin lo hizo, solo me dejaban usar el móvil una vez a la semana para hablar brevemente con mi familia en Kerala. No sabía dónde conseguir las tarjetas de recarga porque tampoco me dejaban salir, ni siquiera para hacer compras personales”.

 

Trabajaba en la casa como se le mandaba, a menudo sin descanso y sin comidas adecuadas. Las interacciones con otros empleados eran mínimas dado que el jefe no las veía con buenos ojos. La obligaban a trabajar incluso estando enferma, y la carga de trabajo se multiplicaba cuando su empleador tenía invitados. Se encontró con privaciones sociales, discriminación y prejuicios de género, religión, clase, lengua e incluso región de origen.

 

“Por suerte, no fui víctima de abusos sexuales, pero mi jefe solía golpearme muy fuerte incluso cuando trabajaba bien. En un momento dado, pensé que podría morir de una paliza, pero no les dije nada a mis padres para no preocuparles. Todavía no saben todo lo que he sufrido. Finalmente, toda la tortura física y la carga de trabajo terminaron por afectar a mi salud mental, hasta el punto de que no podía dormir por la noche. A veces sentía como que estaba cayendo por un profundo agujero negro, pero no sabía a quién pedir ayuda ni cómo. Llegó al punto que decidí regresar a casa, para disgusto de mi familia”.

 

Mi entrevista con Sheela nos deja entrever las vidas de muchas empleadas domésticas indias en los países del Golfo. India es uno de los principales países de origen de empleadas domésticas del Golfo, especialmente los estados de Kerala, Tamil Nadu, Karnataka, Andhra Pradesh y Telangana en el sur de la India y Uttar Pradesh y Bihar en el norte. Como muestra el caso de Sheela, la migración al Golfo es una estrategia de subsistencia para mujeres indias analfabetas o de bajo nivel educativo.

 

La práctica irregular generalizada de migrar con un visado turístico o para visitar a familiares y la dependencia respecto a agentes de contratación fraudulentos hacen que no aparezcan en las estadísticas oficiales y las exponen a la explotación por parte de agentes, patrocinadores y/o empleadores. Las lagunas en el sistema indio de control de pasaportes, el Requisito de Control de Emigración (ECR), también las excluyen del acceso a formación previa a su partida y de los mecanismos de políticas asistenciales. Ligadas al criticado sistema de kafala, estas trabajadoras migrantes también están excluidas de las protecciones jurídicas en materia laboral y social en los estados del Golfo.

 

La pandemia de COVID-19 ha empeorado las ya precarias condiciones de trabajo y de vida de las empleadas domésticas internas aisladas en los “espacios privados” de las casas de sus patrocinadores, con frecuencia privadas de sus teléfonos móviles u otras tecnologías digitales de comunicación. Las restricciones gubernamentales relacionadas con el COVID-19 redujeron aún más su ya limitada movilidad y los fines de semana esporádicos, y recortaron su acceso a la atención sanitaria, la policía y a servicios de apoyo social y jurídico en caso de necesidad. La palabra “varado” que se usa frecuentemente en el contexto de los confinamientos adquiere un nuevo significado literal al ver las dificultades que experimentan estas trabajadoras domésticas. La inaccesibilidad de la información necesaria y de los mecanismos de reparación es un problema que las empleadas domésticas se encuentran siempre en los países del Golfo, pero especialmente durante el COVID-19. Aquí es donde el teléfono móvil y las competencias digitales son útiles para contactar con sus familias, amigos, redes comunitarias formales o informales o las embajadas para pedir ayuda.

 

Empoderarlas a través de la tecnología les proporcionaría un mayor control sobre las fases de la migración anteriores a la decisión y a la partida. Con la formación necesaria, pueden verificar la credibilidad del agente de contratación y las particularidades del visado y de los derechos laborales correspondientes en diversos portales gubernamentales antes de emprender el viaje. La información disponible en las webs del gobierno indio y en agencias estatales como NORKA ROOTS y su aplicación para el móvil pueden ayudar hasta cierto punto a evitar los fraudes y la explotación. Además, la educación digital debería ser una parte obligatoria de la formación previa a la partida, incluyendo clases sobre cómo instalar y utilizar aplicaciones móviles y de internet, como las apps eMigrate o MigCall, en situaciones de peligro. Es necesario divulgar conocimiento sobre regulación laboral, derechos de los trabajadores y mecanismos de denuncia y reparación disponibles, a través de folletos impresos y digitales en su lengua materna, con una lista de lo que se debe y lo que no se debe hacer, como comprar una tarjeta sim y no entregar el pasaporte y el teléfono al empleador aunque insista. También deben incluir números de emergencia de embajadas y consulados y otros actores relevantes. Unirse a los grupos de organizaciones comunitarias en redes sociales es una estrategia práctica, dado que a veces enviar un mensaje de socorro lleva a que alguien pueda echar una mano. Sobre todo, las embajadas indias en el Golfo tienen que llegar a este grupo vulnerable de migrantes online y en persona.

 

Antes de marcharme de su casa a medio construir, pregunté a Sheela por sus planes. Suspirando profundamente, me contestó: 

 

“Podría irme otra vez porque tengo que acabar la construcción de esta casa, y mi hijo mayor empezará la universidad el año que viene”. Pero esta vez voy a probar con Dubái, y tendré más cuidado”.

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Divya Balan

La Dra. Divya Balan es Profesora Asistente de Estudios sobre Migración y Diáspora en la Universidad FLAME en Pune, India. Da clases sobre migración internacional e interna, gobernanza de las migraciones, diáspora india y estudios sobre refugiados en FLAME. La Dra. Divya también ha sido profesora visitante en el Instituto de Estudios Globales Europeos en la Universidad de Basilea, Suiza. Es escritora y conferenciante activa en temas relacionados con la migración y la diáspora.

Email: divya.balan@flame.edu.in

LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/dr-divya-balan-6480984b/

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Este artículo es parte del número “Empoderar a las diásporas globales en la era digital”, una colaboración de Routed Magazine y iDiaspora. Las opiniones expresadas en esta publicación son de los autores y no necesariamente reflejan la posición de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y Routed Magazine.

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