“Nadar contra la corriente”: La fragilidad y resiliencia de los refugiados residuales liberianos y sierraleoneses frente a las alteraciones del COVID-19 en Oru, sudoeste de Nigeria

TOSIN DURODOLA  |  20 DE JUNIO 2020  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS  |  ROUTED Nº10

Vista lateral del asentamiento de residuales liberianos y sierraleoneses en Oru-Ijebu, estado de Ogun, Nigeria. Fotografía: Tosin Durodola / Obasola Bamigboye.

El COVID-19 presenta un enorme desafío para los países de rentas bajas, y los gobieros nacionales han introducido restricciones al trabajo y a la movilidad para frenar la expansión del virus. Aunque ha habido éxitos significativos, la situación también ha supuesto una nueva serie de desafíos para las personas desplazadas en campos y en asentamientos informales

 

En Nigeria, la pandemia de COVID-19 agrava la condición vulnerable de los casos residuales —los que permanecen en el exilio pese a la repatriación y el reasentamiento de sus compatriotas. Los residuales liberianos y sierraleoneses han estado en un exilio prolongado desde que perdieron su estatus de refugiados y se vieron después afectados por el cierre del campo de refugiados de Oru en el sudoeste de Nigeria en 2012. Fueron expulsados por la comunidad de Oru a un lugar lleno de arbustos, sin despejar e inhabitable, en el exterior del campo de refugiados, donde quedaron expuestos a los azares del nuevo asentamiento creado por ellos mismos. Sin protección o ayuda nacional ni internacional, han transformado un espacio anteriormente inhabitable en una colonia cultural y un centro económico, incluso cuando sus movilidades, medios de vida e impulsos diarios siguen influyendo en las ciudades contiguas.

 

Sin embargo, la capacidad de acción que estos refugiados residuales emplean para transformar su asentamiento en una colonia de influencia y llevar a cabo actividades generadoras de ingresos se está viendo alterada por las estrictas restricciones y regulaciones que el gobierno nigeriano ha establecido para afrontar la expansión del COVID-19. Aunque el sacrificio colectivo cumpliendo la orden de quedarse en casa y el toque de queda desde la puesta hasta la salida del sol ha logrado que la tasa de infección avance lentamente en Nigeria, la regulación ha afectado desproporcionadamente las diversas actividades económicas (agricultura, comercio, servicios de transporte y empresas alimentarias) de los residuales liberianos y sierraleonenses en Oru.

 

Las restricciones al movimiento impiden a los granjeros liberianos y sierraleoneses acceder a los mercados en Oru para suministrar los productos agrícolas, especialmente yuca y sus derivados, en grandes cantidades. El cierre temporal de los mercados locales, los restaurantes, los bares, los hoteles y otros negocios dedicados al ocio ha tenido un impacto negativo sobre varios puntos de la cadena de suministros: los granjeros, los vendedores de cosechas, los procesadores de alimentos y los consumidores ijebus, famosos por su producción y consumo de yuca. Estas alteraciones al comercio restringen el acceso de los refugiados residuales, así como sus vecinos locales, para vender productos perecederos de gran valor como verduras y tomates, lo que provoca el desperdicio de alimentos y la pérdida de ingresos.

 

Antes del inicio de la pandemia de COVID-19, los residuales liberianos dependen de la movilidad diaria, así como de las redes translocales y de la diáspora, para superar las limitaciones comerciales y conectar sus productos de garri con mercados locales y consumidores en ciudades cercanas como Ago-Iwoye, Ijebu-Ode y otros asentamientos urbanos en el estado de Ogun. Sin embargo, los cierres de fronteras, las cuarentenas, la prohibición de abrir mercados grandes y otros desafíos logísticos han afectado la producción y el suministro de la fábrica de procesamiento de yuca situada en el asentamiento de refugiados residuales. También han despedido a miembros de la comunidad receptora empleados en la fábrica debido a las ventas reducidas y a la caída de los ingresos.

 

Conforme se prolonga el confinamiento, la escasez de mano de obra comienza a afectar a las fábricas locales que necesitan que los trabajadores estén cerca unos de otros. Las industrias de bloques de hormigón y los aserraderos, donde trabajan los residuales liberianos y sierraleoneses para obtener ingresos, han disminuido o parado la producción y han despedido a refugiados residuales, que han quedado en una situación muy vulnerables frente a la crisis económica. De la isma manera, las restricciones del servicio transporte dentro del estado afectan a los residuales liberianos y sierraleoneses cuyos ingresos están vinculados al popular negocio de motocicletas, Okada, que proporciona un transporte veloz a los residentes y a los productos agrícolas en Oru. Babylon, un popular restaurant liberiano en el asentamiento de refugiados residuales, tiene escasez de clientes y de ingredientes a causa de las alteraciones del comercio. Los refugiados residuales se enfrentan ahora a una catástrofe, ya que la pérdida de trabajos de baja categoría y la movilidad limitada reducen sus ingresos y su capacidad para cubrir las necesidades básicas.

 

El cumplimiento de las medidas de precaución de la NCDC, especialmente la distancia social y física, es prácticamente imposible, ya que los residuales liberianos y sierraleoneses viven apretados en un asentamiento caracterizado por viviendas de condiciones deficientes, servicios básicos limitados, saneamiento pobre y acceso restringido a los servicios sanitarios. Aún peor, la pérdida del estatus de refugiados deniega a estos refugiados residuales el acceso a transferencias de dinero del gobierno federal y otras medias de alivio (incluyendo paquetes de comida y artículos de protección como mascarillas, desinfectantes y jabón) distribuidas durante la pandemia.

 

Ante la falta de apoyo del gobierno y ayuda humanitaria, estos casos residuales dependen de la experiencia del exilio, las instituciones culturales, la resiliencia económica y la organización de la diáspora para evitar convertirse en caldos de cultivo para la pandemia de COVID-19. Los residuales liberianos, por ejemplo, cuentan con las remesas y ayudas de su asociación de la diáspora, llamada Organización de las Comunidades Liberianas en Nigeria (OLICON), para cubrir sus necesidades básicas y cumplir con las regulaciones en materia de salud pública.

 

Según James, un residual liberiano, “Estamos junto a nuestra asociación de la diáspora en esta guerra y utilizamos el dinero que envían para ayudar a nuestra familia. Aquí, nuestro presidente compró cubos, detergente y alcohol para lavar las manos para Veronica”. Un residual sierraleonés confirmó que “todo el mundo está usando internet para conseguir información correcta sobre cómo prevenir el contagio del coronavirus”.

 

Estos refugiados residuales perciben la pandemia como otra guerra, capaz de causar una alta mortalidad. Para sobrevivir y salir adelante, pusieron en marcha la resiliencia y la solidaridad aprendidas en la guerra civil para afrontar la escasez de alimentos y la pérdida de ingresos. Los refugiados residuales que son granjeros ponen los productos de yuca a disposición de las mujeres que trabajan en la fábrica procesadora de yuca sin ningún coste. Esta cadena asegura que todos los refugiados residuales tienen acceso a alimentos, especialmente garri y verduras, reduciendo así el hambre y el desaliento.

 

Aunque el sacrificio colectivo cumpliendo las regulaciones preventivas ha logrado que no haya ningún caso confirmado de COVID-19 en el asentamiento de refugiados residuales, el impacto ha sido devastador para sus medios de vida y sus actividades generadoras de ingresos, que dependen de la movilidad diaria y la economía informal. Sin una intervención nacional o internacional, los residuales liberianos y sierraleoneses en Oru están en peligro de convertirse en caldo de cultivo para la pandemia de COVID-8 y un brote podría provocar una catástrofe humanitaria. Mis observaciones apuntan a la urgencia de que los decisores políticos y las agencias humanitarias aborden las deficiencias socioeconómicas que afectan a los refugiados residuales y aseguren su inclusión en las respuestas, el apoyo y los programas de recuperación nacionales durante y después de la pandemia.

Tosin Durodola

Tosin Durodola es estudiante del Máster de Estudios de Diáspora y Transnacionales del Instituto de Estudios Africanos de la Universidad de Ibadán, Nigeria, donde investiga el viaje del exilio y la experiencia después de perder el estatus de refugiados de los residuales liberianos en Nigeria. Tiene un Grado en Historia y Estudios Internacionales y es también Investigador del Instituto Francés para la Investigación en África (IFRA-Nigeria). Ha trabajado extensivamente en la recolección, análisis y difusión de datos cualitativos sobre migración forzosa, diáspora y campos de refugiados.

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