Desvelando el régimen fronterizo europeo: Reseña de The Migrating Image, de Stefan Kruse

IRENE PRAGA  |  18 DE ABRIL 2020  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS

Inicio de Migrating Image, disponible en Vimeo.

La palabra “migrantes” suele evocar multitudes indefinidas y borrosas de personas en tránsito, sujetas a contextos cambiantes y precarios. Su forma de vida es la opuesta a una existencia fija y estable. La figura del migrante ha protagonizado los titulares de los medios de comunicación durante la última década, especialmente desde la crisis del naufragio de Lampedusa en 2013. Aún así, esto no es nada nuevo: el movimiento constante de los migrantes ha llamado la atención del público al menos desde los tiempos de Homero. Es bien conocido que Ulises fue uno de los primeros personajes migrantes, como se refleja en el relato fundacional y ejemplar de su viaje a Ítaca. El héroe clásico paradigmático extrañaba su hogar a lo largo de su viaje errático a través del Mediterráneo de los mitos. En 2020, mientras las autoridades europeas permanecen inmóviles, miles de viajeros anónimos experimentan de primera mano el viaje de Ulises a través del mar. 


A lo largo del último siglo, la democratización de las nuevas tecnologías ha contribuido a afianzar las narrativas sobre los migrantes y las historias de desplazamiento. Las instantáneas que Robert Capa y Gerda Taro tomaron a los miles de civiles que huían de la Guerra Civil española entre 1936 y 1939, uno de los primeros conflictos en recibir cobertura mediática mundial, abrieron el camino a una práctica prolífica y necesaria: recoger pruebas mediante la fotografía. Como afirma Roland Barthes en su ensayo Camera Lucida (1980), “gracias a la fotografía, el pasado es tan cierto como el presente, lo que vemos en papel es tan cierto como lo que tocamos”. El crítico francés defiende que el sujeto de la fotografía estaba delante del fotógrafo en el momento de apretar el disparador; por tanto, las fotografías son la prueba de realidades corporales y hechos reales.

Refugiados republicanos siendo conducidos por la playa a un campo de internamiento, Le Barcarès, Francia, Marzo 1939. Fotografía de Robert Capa.

 

Dicho esto, las imágenes son fácilmente susceptibles de manipulación, especialmente si lo que está en juego es información sobre el delicado tema de la (in)migración, como sostiene Stefan Kruse en el vídeo-ensayo The Migrating Image (“La imagen migratoria”). Kruse, teórico crítico danés con experiencia en diseño gráfico, explora los aspectos técnicos vinculados a las tendencias actuales que predominan en las imágenes de migrantes publicadas por medios de comunicación europeos y organizaciones políticas de la UE durante la llamada “crisis de refugiados”. En su estreno como realizador, Kruse reexamina el viaje de los migrantes desde el Norte de África a Europa centrándose en la cartografía de una gran variedad de imágenes de multitudes en movimiento a partir de las cinco preguntas esenciales del periodismo: qué, quién, cuándo, dónde y por qué se tomó la imagen.

 

En The Migrating Image, las cosas no son simplemente cosas. En su lugar, las cosas parecen ser cosas; por lo que no sorprende que “aparente” sea la palabra más utilizada en el vídeo-ensayo. Y la manera en la que las cosas parecen depende inevitablemente de la manera en la que son vistas. Como revela sutilmente el vídeo-ensayo de Kruse, es extremadamente fácil influir en la opinión de las audiencias de los medios de comunicación en materia de migración, a través de un uso manipulado del contenido visual. En este sentido, aunque se han realizado investigaciones extensas sobre la información objetiva transmitida por estas imágenes (por ejemplo, ¿cuántas personas había en una embarcación rescatada en el Mediterráneo?), se ha dedicado escasa atención a los mecanismos de reportaje, producción y edición. Claramente, no es lo mismo filmar a grandes grupos de viajeros mientras cruzan los campos de trigo cobrizo de los Balcanes con la cámara de un teléfono ordinario que con una GoPro que permita hacer tomas largas. Mientras lo primero crea un efecto de proximidad, que minimiza el número de migrantes a unas pocas caras y voces reconocibles, lo segundo parece retratar un ejército imparable de viajeros anónimos. Por tanto, la perspectiva es política, de la misma manera que la política es una cuestión de perspectiva.

 

Migrantes cruzando los Balcanes en el verano de 2015, The Migrating Image (21:11). Esta imagen apareció, entre otros medios, en The Guardian y Russia Today.

 

 

En el cortometraje, una voz masculina neutral y atractiva describe los detalles técnicos de las imágenes en siete capítulos, cada uno dedicado a un género: capturas de pantalla, imágenes por satélite, cámaras de seguridad de los guardias costeros, artefactos mediáticos. Como indica la voz, “el viaje de los migrantes comienza antes de que tenga lugar”, con representaciones paradisíacas del mundo occidental en las redes sociales (como Facebook o Messenger). Estas imágenes avivan las llamas de la imaginación de los potenciales migrantes, alentándolos a embarcar en el peligroso viaje a Europa. Es evidente que las redes sociales funden el imaginario colectivo y la imaginación individual en una única imagen. En esta imagen, el término “migrante” vacía la identidad y las afirmaciones personales.

Una vez en marcha, el movimiento de los migrantes es monitorizado por varias instituciones diferentes. La voz describe concisamente, por ejemplo, la técnica empleada por Frontex, la agencia europea de la guardia de fronteras y costas, para localizar y grabar a las pateras en el Mediterráneo con sus nuevos satélites. Conviene señalar que muchos de los migrantes llevan consigo sus teléfonos móviles durante el viaje, lo que les permite contactar con sus familiares y aumentar la visibilidad del monitoreo marítimo. En este sentido, la tecnología GPS se ha convertido en un arma de doble filo, permitiendo que los migrantes puedan ser rescatados, pero también exponiéndolos a la guardia fronteriza hostil. Son estos mismos guardias fronterizos los que al mismo tiempo hacen publicidad de sus políticas de seguridad mediante una serie de vídeos que muestran trabajadores entregados y reuniones serias en las modernas instalaciones de Frontex en Bruselas. Aunque monitorean el mar Mediterráneo, los trabajadores de Frontex nunca se mojan.

Trabajadores de Frontex monitoreando el Mediterráneo, The Migrating Image (4:46).

 

 

A pesar del contenido controvertido de muchas de las imágenes, la voz narradora siempre se mantiene al margen, en una posición no política. La suya es una lectura estrictamente técnica. En una entrevista reciente para Go Short, Stefan Kruse aclaró la llamativa ausencia de reflexiones morales así: “el espectador tiene que formarse su propia opinión, básicamente. No creo que yo esté en condiciones de pronunciarme sobre este tipo de grabaciones… En primer lugar, quería que el cortometraje tratase de las imágenes, y no de política”.  En lugar de imponer una narrativa ideológica, el enfoque de Kruse sobre la técnica de las fotografías nos permite adoptar libremente una posición propia sobre el contenido de las imágenes. No tenemos la opción de hacer click en “me gusta” o añadir “#” a su análisis técnico.

 

En un momento en el que todo el mundo parece tener una opinión sobre todo, uno de los mayores méritos de Kruse es dejar que el espectador juzgue por sí mismo. En lo que considero que es el clímax de su argumento, la voz dedica un momento a la cámara subjetiva de un hombre italiano del equipo de rescate de la guardia costera. Dado que la cámara está sujeta al casco del hombre, el espectador tiene la impresión de ver exactamente lo que están viendo sus ojos: el rescate de una mujer embarazada que se encuentra en una embarcación a la deriva. Sin embargo, no hay ni una palabra sobre su vientre, o los de sus camaradas aún en la precaria embarcación. Por tanto, es inevitable pensar que el héroe y protagonista de esta historia es la cámara subjetiva del guardia costero italiano. Una vez más, la perspectiva demuestra ser política.

Una mujer embarazada siendo rescatada por la guardia costera italiana, The Migrating Image (13:10).

 

 

The Migrating Image comienza con una cita del filósofo Vilsem Flusser: “Los seres humanos se olvidan de que crearon las imágenes para orientarse en el mundo. Dado que ya no son capaces de descifrarlas, sus vidas se vuelven una función de sus propias imágenes: la imaginación ha devenido alucinación”. Como el vídeo-ensayo sostiene, en 2020 vivimos en un mundo alucinatorio donde ya no tenemos control sobre nuestras imágenes, sino que las imágenes nos controlan. Este argumento provocador nos lleva a una de las mayores alucinaciones jamás construidas: las fronteras geopolíticas europeas y su laberinto burocrático, que impide a los migrantes entrar al sistema y convertirse en ciudadanos con igualdad de derechos. Es el mismo sistema que no impide que los migrantes sean rastreados, grabados y fotografiados, como muestra Stefan Kruse en su vídeo-ensayo. Ocupan una posición pasiva, marginal, de segunda clase.

En suma, The Migrating Image es una historia sobre pronombres: “ellos”, los migrantes, frente a “nosotros”, ciudadanos europeos. La pregunta ahora es: ¿quién está contando la historia de la migración? ¿Y por qué?

Irene Praga

Irene es de Valladolid, España. Estudia un máster en Literatura Comparada en la Universidad de Ginebra, donde investiga las formas de reimaginar las narrativas migrantes y la biopolítica. Escritora y lectora vocacional, está especialmente interesada en el poder político de la literatura que cree que puede redefinir la llamada “crisis de refugiados” como “oportunidad política”. Le encantan el café, el queso y las conversaciones largas.

Facebook: https://www.facebook.com/irene.praga

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