Hacerse académico en la inmovilidad: La movilidad internacional académica y la desigualdad global en la educación superior

JENNA ALTHOFF  |  24 DE OCTUBRE 2020  |  ROUTED Nº12  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS POR MAGDA R. DEHLI

Imagen de nccr – on the move, 2020.

Para los académicos que están empezando su carrera profesional, la movilidad es un componente importante de su desarrollo y con frecuencia un prerrequisito para avanzar en sus carreras. La inmovilidad causada por la pandemia global ha puesto de manifiesto los inconvenientes de la movilidad académica y al mismo tiempo ha suscitado una nueva apreciación por las interacciones que solía generar. Tomando la experiencia personal de una beca suspendida como ejemplo, este artículo demuestra tanto el valor de la movilidad dentro del mundo académico como las preguntas y desafíos emergentes ante una necesidad persistente de aislamiento, inmovilidad e innovación en las interacciones.

 

Era un proyecto emocionante. En enero de 2020, me habían concedido una beca competitiva en un centro de investigación puntero en mi campo. Iba a empezar a trabajar allí a finales de la primavera, así que durante los meses previos al traslado hice elaborados planes sobre las muchas actividades, encuentros y objetivos para esta estancia de trabajo, reducida pero, con suerte, intensiva. Después de un largo periodo empleada en una oficina en una torre de cristal fuera del campus, la propia idea de mezclarme con otros investigadores me había dado nuevas energías. Estaba muy ilusionada.

 

A principios de primavera, cuando había organizado el traslado, el itinerario de viaje y todas las demás cosas necesarias, la pandemia llegó a Europa Occidental, y con apenas un anuncio gubernamental y dos correos electrónicos encontré mis cuidadosos planes para desplazarme a otro país congelados indefinidamente. En lugar de entablar largas charlas sobre los últimos avances en mi campo con nuevos estimados colegas, estaba confinada en casa, preocupada por mis familiares próximos más vulnerables ante este nuevo virus llamado SARS-CoV-2.

 

Además de la inutilidad de todo lo que había hecho para organizar el traslado, me preocupé por la falta de progreso en mi trabajo, al perder esta oportunidad para avanzar en mi carrera, y ante la inmensa incertidumbre. Todo esto impregnado por la ansiedad por los cambios profundos en los mercados laborales, las economías y también las relaciones sociales en las que nos íbamos a encontrar después del confinamiento.


 

Relaciones entre movilidad y educación: prerrequisito, impulsor, resultado

 

En Europa Occidental, la movilidad educativa es una senda fundamental para muchos jóvenes que se integran en la vida adulta al adquirir las bases para una vida profesional, emanciparse de sus padres y construir relaciones fuera del ámbito familiar. Esta “salida del nido” es un periodo vital para adquirir las habilidades para construir sus futuros. Las cifras oscilan considerablemente de un país de la UE a otro en cuanto al momento exacto en que los adultos jóvenes “abandonan el nido” y se asientan en su propio espacio, pero sin duda este paso se considera relevante.

 

El nacimiento estimado de más de un millón de “bebés Erasmus” demuestra los efectos profundos y duraderos que esta movilidad educativa internacional (en concreto la movilidad académica) tiene en la juventud europea. Para mí, la movilidad académica se traduce en que he pasado más de 8 años de mi vida adulta viviendo fuera de mi país de nacimiento. También implica que sé hacer mejor una presentación en inglés que en mi lengua materna, tengo amigos en casi todos los estados miembros de la UE, puedo maldecir hasta en rumano y cocinar tanto con pimienta y ajo como con alcaparras y nata.

 

Y mientras que la movilidad educativa sigue creciendo entre los jóvenes a escala global, un porcentaje mucho más pequeño de estos decide convertir la educación y la investigación en su oficio. Esto implica embarcarse en una trayectoria educativa adicional, y potencialmente móvil, para lograr el título académico que les permita desarrollar una carrera en este ámbito —normalmente un doctorado y algunos años más de experiencia laboral posdoctoral. Con la transición a “hacerse académico”, entra en juego más movilidad: algunos jóvenes investigadores eligen realizar sus estudios de doctorado en instituciones especializadas y de prestigio en el extranjero, otros se embarcan en trabajos de campo prolongados para recolectar datos, todos ellos sin duda viajan a congresos y talleres en sus ámbitos respectivos, y acabarán reubicándose felizmente para ocupar un puesto acorde con sus cualificaciones.

 

Teniendo en cuenta la totalidad del viaje para “hacerse académico”, la movilidad no es solo un resultado de la educación y una consecuencia secundaria de elegir una carrera en el ámbito de la educación superior, sino que suele ser también un prerrequisito para embarcarse en dicha carrera profesional en primer lugar. El acceso a la movilidad en todas las fases de la trayectoria educativa (grado de educación superior, educación doctoral, principio de la carrera en educación superior) es crucial en esta profesión. Sin duda, la actual pandemia ha cambiado la accesibilidad del mundo académico y el tipo de movilidad necesaria para acceder a él.

Movilidad como privilegio, movilidad como placer

 

Con la suspensión de mi beca, sentí la interrupción del tan esperado progreso en mi profesión académica. Estaba atrapada sin perspectivas de avanzar en el futuro próximo ni de encontrar tampoco un trabajo equivalente adecuado fuera del ámbito académico.

 

En los mejores momentos, intenté valorar esta pausa involuntaria en mis planes como una oportunidad para apreciar el presente; pero eran más fuertes la incertidumbre y la ansiedad ante un futuro que había llegado a estar tan cerca y se había vuelto inalcanzable. Las consecuencias de la pandemia para mis compañeros académicos van desde una anulación completa de su semestre de trabajo de campo hasta la cancelación de los puestos de empleo para los más jóvenes o el retraso indefinido de los proyectos de investigación. Los congresos y las defensas de tesis pasaron al formato virtual y ceremonias enteras de graduación se celebraron solo a través de la pantalla.

 

Al experimentar los efectos de esta inmovilización en mi propia trayectoria, sentí que un nuevo conjunto de “reglas de movilidad” se aplicaban a mi paradero, distintas de las que me imponen mi género, mi nacionalidad u otros atributos de mi existencia. Cumplir este conjunto de reglas ponía en relieve el valor de la movilidad que antes daba por descontada. Tras haber percibido las diversas formas de movilidad que me permitía mi estatus como académica —congresos, cursos de verano, trabajo de campo, becas— como una simple consecuencia secundaria, ahora los considero un valioso privilegio. Mis amigos se quedaron confusos y me preguntaron si mi investigación sobre gobernanza de las migraciones no me había preparado para distintas restricciones y sus efectos. Me reí, pero por dentro me costaba aceptar lo ignorante que había sido respecto a las realidades laborales de muchos de mis colegas que sufrían restricciones a su movilidad (académica) mucho antes de que llegase esta pandemia. Simplemente nunca me había cuestionado su acceso a la movilidad.

 

Lejos de haber servido para igualar las cosas, para mí la pandemia ha subrayado la disonancia entre un mundo académico cada vez más internacionalizado y diverso y los efectos jerárquicos de la desigualdad y la inmovilidad. El COVID-19 ha forzado a las universidades a adoptar la enseñanza y el aprendizaje virtuales, pero la competición global entre universidades para atraer (y retener) investigadores y docentes no parece seguir estas mismas dinámicas.

 

Los principales componentes de la movilidad en el mundo académico son la nacionalidad del individuo y sus recursos privados, así como los recursos y redes de la universidad para facilitar la movilidad. Las barreras al acceso a educación de primera calidad funcionan, entre otros, limitando la movilidad de los (potencialmente brillantes) estudiantes para producir y reproducir una jerarquía de movilidad académica. El efecto jerárquico de la inmovilidad, que tan claramente experimenté durante la pandemia, ha sido una realidad estructurante para muchos de mis colegas de todo el mundo. La internacionalización de la educación superior ha conllevado una jerarquización global de las trayectorias profesionales académicas de muchos antes de la pandemia. Sin embargo, la pandemia ha servido como un potente recordatorio de la desigualdad existente de los regímenes de movilidad global y el acceso a la educación, así como de sus efectos duraderos sobre el desarrollo personal.


 

Alejarse de la desigualdad en el mundo académico

 

Tarde o temprano, se necesitará resolver dos debates, distintos en la actualidad pero interconectados, sobre la movilidad de los académicos: ¿cómo será el trabajo después de la pandemia? Y ¿cómo será la educación superior después de la pandemia?

 

Si el proceso de “hacerse académico” va a depender cada vez menos de la movilidad física, ¿cómo se conseguirá la socialización en las diferentes culturas académicas departamentales y nacionales? Esta pregunta abre opciones para pensar sobre la creación y conservación de redes personales a través de las fronteras, trayendo nuevas preguntas sobre acceso y exclusión. La pandemia no será una panacea para abolir los mecanismos que hacen avanzar a unos a expensas de otros, pero sin duda replanteará los procesos de creación de barreras que hoy están en pie. La forma en que las universidades otorgan acceso a la producción del conocimiento en el futuro, la actitud departamental ante los intercambios y las habilidades personales de los investigadores para entablar relaciones laborales productivas son todas parte de este replanteamiento. La presión externa de encontrarnos en un confinamiento, con toda su soledad, ha tenido también el efecto de provocar este debate tan necesario en el mundo académico. La pandemia de coronavirus ha servido como un potente recordatorio de las desigualdades existentes en el acceso a la movilidad y sus efectos duraderos sobre los desarrollos personales y trayectorias profesionales. ¿Qué mejor momento que este para empezar a mejorar el sistema?

 

Finalmente, me aventuré del otro lado de la frontera para embarcarme en este nuevo capítulo de construcción de relaciones. Con miedo a que me retuviese una segunda ola, crucé la frontera sin que ni siquiera me revisaran el pasaporte. Hasta ahora, ya he disfrutado de una primera conversación de café con colegas investigadores sobre nuestras distintas estrategias para escribir, una charla con el líder del proyecto sobre la codificación de los datos y una conversación en el pasillo sobre conceptos de integración local, y estoy en vías de terminar de desarrollar una idea de proyecto de investigación con un profesor. Pero mientras estoy sentada en la oficina escribiendo este texto, no puedo evitar preguntarme cómo será la movilidad en el mundo académico en el futuro. Nuestras vidas se construyen sobre esta premisa de ser móviles; ¿cómo cambiará el mundo académico si esta movilidad ya no puede darse por descontada?


 

Agradecimientos

Quiero dar las gracias a todo el equipo de nccr – on the move, y en especial al profesor Gianni D’Amato, por facilitar mi beca, que también me ha proporcionado la inspiración para este artículo.

Jenna Althoff

Jenna Althoff es candidata doctoral avanzada en la Escuela Doctoral de Ciencia Política, Relaciones Internacionales y Políticas Públicas en la Central European University (CEU), Budapest, Hungría, y fundadora del grupo de investigación sobre migraciones de la CEU. En la actualidad es investigadora visitante en el centro suizo de excelencia para la investigación en migraciones y movilidad nccr – on the move, en la Universidad de Neuchâtel, Suiza.

Su propia investigación se ocupa de los contextos político-institutionales de la regulación y gobernanza de las migraciones, las narrativas y la representación mediática de la migración, la evaluación de las medidas de integración y la movilidad entre y en el interior de los mercados laborales. Siempre le agrada un buen chiste y un plato de pasta, y no le importa que vayan acompañados de un trago de Barbaresco.

Si te interesa seguir su selección de investigaciones publicadas, noticias y otra información relacionada con las migraciones y la movilidad, síguela en Facebook en: Migration Policy in a European Context. Puedes contactarle en jenna.althoff@uni-due.de.

Imagen de Stefan Roch.

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