Los campus filiales internacionales: ¿Qué podemos aprender de la pandemia de COVID-19?

ACHILLE VERSAEVEL & JORICA PAMINTUAN  |  24 DE OCTUBRE 2020  |  ROUTED Nº12  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS POR MAGDA R. DEHLI

NYU Shanghái. Imagen de JACK728 en Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

En 1950, la Universidad John Hopkins abrió lo que hoy está reconocido como el primer “campus filial internacional” en Bolonia, Italia. Los estudiantes italianos podían obtener un título de una universidad estadounidense sin necesidad de viajar. A lo largo de los últimos quince años, se han abierto más de 300 campus filiales internacionales como este en el mundo, mayormente ligados a instituciones matrices occidentales y sobre todo en China y en Emiratos Árabes Unidos.

 

Aunque la inmensa mayoría de estos campus filiales internacionales son económicamente viables, su prestigio académico es cuestionado con frecuencia. Las investigaciones han demostrado que la calidad del currículo académico suele ser inferior a la de la institución matriz. Esto podría deberse, por ejemplo, al bajo nivel de inglés, que dificulta las interacciones entre estudiantes y docentes e imposibilita vivir una experiencia similar a la que se tiene en la institución matriz. Estos obstáculos se complican aún más con las dificultades para contratar y retener al profesorado, especialmente cuando el personal docente renuncia a su puesto a mediados de curso. Las preocupaciones sobre la libertad de enseñanza se suman a estos problemas, en tanto que los profesores no pueden contribuir a los debates públicos de la misma manera en que lo harían en el mundo occidental. En conjunto, estas cuestiones agravan las preocupaciones sobre la empleabilidad de los egresados, ya que el título obtenido se considera menos prestigioso que el otorgado por la institución matriz.

 

Debido a la pandemia de COVID-19, se ha redoblado la presión para que los campus filiales internacionales alcancen los estándares de los campus matrices. Ciertamente, algunas instituciones occidentales de educación superior, como la Universidad de Nueva York (NYU), la Universidad Estatal de Pennsylvania, la Universidad de Arizona y varias escuelas de negocios francesas, dependen de sus campus filiales internacionales para evitar que sus estudiantes internacionales pospongan o cancelen sus proyectos de estudio.

 

Algunos estudiantes aceptados que inicialmente postularon a estudiar en el extranjero pero ya no pueden o no quieren viajar tienen ahora la posibilidad de estudiar en un campus filial en su país de origen, hasta que se estabilice la situación sanitaria global. Por ejemplo, a los estudiantes chinos que habían postulado con éxito a estudiar en Nueva York se les ofreció comenzar el curso en el campus de la Universidad de Nueva York en Shanghái.

 

Los primeros indicios apuntan a que esta oferta no fue siempre recibida con entusiasmo entre los estudiantes de todas las universidades. Es difícil asegurar por qué a estas alturas. Gracias a investigaciones anteriores, sabemos por qué los estudiantes quieren estudiar en campus filiales. Algunas de las razones más frecuentes incluyen la proximidad geográfica al lugar de origen, los bajos precios de matrícula y costes de vida, la seguridad del país en el que se realizan los estudios y el valor de mercado de los títulos. No obstante, no sabemos por qué los estudiantes no quieren estudiar en un campus filial. Las circunstancias actuales ofrecen una oportunidad inestimable para aprender más: por primera vez en la corta historia de los campus filiales internacionales, los estudiantes que no habían postulado a estudiar en uno han recibido una oferta para hacerlo.

 

Formulamos dos hipótesis para explicar por qué algunos estudiantes aceptados en instituciones matrices rechazaron la propuesta de empezar el curso en un campus filial. En primer lugar, nos planteamos que la reputación en general de los campus filiales internacionales es importante. Los nuevos estudiantes pueden estar preocupados por la calidad del currículo académico y por el entorno de aprendizaje en el campus filial y, por tanto, pueden ser reacios a pagar los mismos costes de matrícula que exigiría la institución matriz. Otros factores relevantes pueden incluir la reducción de las salidas profesionales, la percepción de una peor relación calidad-precio y las preocupaciones por el nivel de inglés.

 

En segundo lugar, planteamos la hipótesis de que los estudiantes pueden estar preocupados por aprender menos que en el extranjero. La movilidad física puede entenderse como una inversión de la que los estudiantes esperan obtener un “dividendo de la movilidad” relacionado con su inmersión en una nueva sociedad, que no recibirían si estudiasen en un campus filial en su propio país. Viajar al extranjero, asentarse en un país nuevo y adaptarse a una cultura y lengua nuevas son costes a cambio de los que los potenciales estudiantes internacionales esperan ganar habilidades transferibles valiosas y credenciales para desarrollar sus carreras profesionales. Si eligiesen estudiar en un campus filial en su país de origen, los potenciales estudiantes internacionales invertirían menos y podrían tener miedo, en consecuencia, ganar también menos.

 

Para evaluar la validez de estas dos hipótesis, estamos actualmente invitando a estudiantes que han postulado a estudios en el extranjero pero en su lugar se les ofreció estudiar en un campus filial en su país a participar en una breve encuesta. Presentaremos nuestros resultados en febrero 2021, en la conferencia “Coronavirus and its Impact on International Students” (“Coronavirus y su impacto sobre los estudiantes internacionales”).

Los autores de este artículo quieren agradecer el apoyo invaluable del profesor Biao Xiang, quien acuñó el concepto de “dividendo de la movilidad”. También queremos dar las gracias a Mariya Yanishevskaya por su contribución en una primera fase de este proyecto.

Jorica Pamintuan

Jori es especialista en comunicaciones, con experiencia en investigación de desarrollo, periodismo y producción de medios. Su investigación se interesa por la migración laboral desde el Sudeste asiático, el trabajo doméstico y el retorno y reintegración de los migrantes. Obtuvo un Grado en Periodismo por la Universidad de Filipinas en 2012 y un Máster en Estudios Migratorios por la Universidad de Oxford en 2019. Ha trabajado en proyectos relacionados con la migración laboral con CIFAL Philippines, un centro de investigación y formación asociado a UNITAR con sede en Manila, y con el Instituto Universitario de Naciones Unidas en Macao. En la actualidad se encarga de las comunicaciones y las relaciones externas de una organización internacional en Manila.

Achille Versaevel

Achille es especialista junior en migraciones desde, hacia y dentro de Europa. En 2018 obtuvo un Máster en Estudios Europeos en King’s College London y la Universidad Humboldt en Berlín. Se graduó con un segundo Máster en Estudios Migratorios en la Universidad de Oxford en 2019. Desde entonces ha trabajado para la Unidad de Investigación de la Organización Internacional para las Migraciones en Viena y para Frontex, la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas. Achille también es encargado de comunicaciones en Routed Magazine.

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