Narrar la pertenencia y la intimidad a través de la comida: El sinigang y las familias transnacionales nipón-filipinas

JOCELYN O. CELERO  |  15 DE AGOSTO 2020 |  TRADUCIDO DEL INGLÉS  |  ROUTED Nº11

Sinigang. Imagen de la autora.

Las familias nipón-filipinas aparecieron en la década de 1970 como una consecuencia histórica de la migración a Japón de mujeres filipinas y la movilidad y matrimonios de los hombres japoneses en Filipinas. Estas uniones han dado lugar a una segunda generación (nacida y criada en Japón o en Filipinas) y a una generación 1,5 de nipón-filipinos (nacida en Filipinas y criada en parte en Japón, o viceversa), cuya aculturación y socialización están vinculadas a las sociedades japonesa y filipina. Estos procesos socioculturales pueden entenderse a través de la comida, en concreto a través de un plato llamado sinigang.

 

El sinigang es un plato tradicional filipino que originalmente consiste en carne (por ejemplo, cerdo) o pescado o gambas, y verduras locales (como kangkong, berenjena, gombo o rábano), hervidos en sopa y preparados con una fruta amarga que se cosecha en abundancia en distintos lugares de Filipinas. El tamarindo se considera uno el ingrediente amargo más popular. Los filipinos reivindican la autoría del plato, anterior a la colonización española en el siglo XVI. Los ingredientes y formas de preparar el sinigang han evolucionado y se han diversificado a través del tiempo y del espacio. Este artículo analizará el papel que ha jugado el sinigang en la transnacionalidad y la interculturalidad de las familias nipón-filipinas.

A los veinticinco años, Tomo (nombre ficticio) viajaba de Japón a Manila entre los años 60 y el final de los 70 para visitar a sus amigos japoneses que trabajaban para Toyota Motors. En los años 60, recordaba, la mayoría de los viajeros japoneses tenían la imagen de Filipinas como un destino turístico poco popular y poco seguro para los japoneses porque aún seguía viva la animosidad contra los japoneses de la Segunda Guerra Mundial. Se quedaba con frecuencia en el Hotel Manila, cerca de la embajada japonesa, y visitaba algunos lugares de los alrededores de Manila con sus amigos japoneses.

La aventura gastronómica que nunca olvidaría fue cuando probó el sinigang na bangus (sinigang de sabalote). Pidió la receta al camarero y buscó la ayuda de un empleado filipino de la embajada japonesa en Manila para traducir la receta al japonés. “Tuve que memorizar que talong es nasu, rabanos es daikon…”. También compró un libro de cocina y una bolsa de plástico enrollada llena de pulpa de tamarindo seca para meter en la maleta. Sus acciones ilustran cómo los turistas japoneses difundieron los alimentos filipinos en Japón en esta época.

Esta experiencia culinaria hizo que Tomo se decidiera a abrir un restaurante a su regreso a Tokio. En 1963 inauguró un pequeño restaurante de dieciséis metros cuadrados enfrente del edificio de NHK en Harajuku, con un capital inicial de 100.000 yenes. Se arriesgó a llamarlo “restaurante filipino” para atraer a clientes filipinos, el grupo más numeroso de migrantes del Sureste Asiático en Japón por entonces, aunque la cocina filipina apenas se conocía en Tokio.

En los años 70, para abordar el déficit económico y los niveles de desempleo cada vez más elevados, el gobierno de Filipinas promovió la llegada de turistas japoneses, así como la salida de miles de filipinos hacia Japón como trabajadores migrantes temporales. Las relaciones de movilidad entre Filipinas y Japón benefició a Tomo y su restaurante: podía viajar más fácilmente a Filipinas para comprar ingredientes para su sinigang y otros platos, y podía atraer más clientes filipinos que hasta entonces.

A Tomo le motivaba lo que Tulasi Srinavas llama “deseo de afiliación”, de querer aceptar y ser aceptado por los migrantes filipinos a través de su sinigang. Así, trabajó duramente para dar con el nivel correcto de acidez aceptable para las papilas gustativas filipinas. Cuando no podía viajar a Manila, recurría ocasionalmente a algunos clientes, ahora amigos suyos, que pasaban las vacaciones en Filipinas para que le trajesen sobre todo tamarindo seco, que podían esconder en el equipaje aprovechando el laxo control de aduanas de entonces.

En una ocasión en que se le acabó el tamarindo, probó a condimentar la carne de cerdo hervida con berenjena, gombo y rábano con umeboshi (ciruela encurtida) como alternativa para conseguir la acidez, esperando maridar los sabores japoneses y filipinos. “No les gustó; sabía fatal. Terminaron pidiendo cervezas”. Su intento fallido de mediar entre las preferencias japonesas y filipinas indica la marcada disonancia etnocultural entre los japoneses locales y los migrantes filipinos, los “otros”. Aunque el sinigang puede ser versátil, en tanto que se puede usar la carne y las verduras disponibles en los supermercados japoneses, sustituir el ingrediente fundamental puede ser problemático. Para diversificar su negocio, Tomo servía café y tostadas por la mañana, menús y platos de arroz por la tarde y cervezas por la noche, para atraer tanto a los transeúntes filipinos como a los japoneses. Su bar-restaurante se convirtió poco a poco en un lugar muy popular para las fiestas y reuniones de los filipinos, antes de que cerrase finalmente en 1993.

El restaurante filipino de Tomo antecede a los muchos restaurantes, bares y tiendas filipinos que han abierto por todo Japón desde los años 2000 que sirven platos tradicionales como el sinigang. Desde que Knorr introdujo el tamarindo instantáneo en polvo en el mercado filipino en 1999, el plato se ha vuelto más accesible y más fácil de reproducir en cocinas japonesas y extranjeras. Para 2009, según la embajada filipina en Tokio, había unas 60 tiendas y restaurantes filipinos en todo el país, muchos de ellos regentados por matrimonios de parejas nipón-filipinas. Los cuencos de sinigang también se sirven durante los bunkasai (“Festivales Culturales”) y las Fiestas filipinas en Japón.

En 1994, Tomo se mudó a Manila para jubilarse a los 59 años. Los años 90 marcaron el apogeo de los matrimonios entre japoneses y filipinas; muchas agencias matrimoniales privadas cobraban por asistir a hombres japoneses para encontrar una esposa filipina. Tomo se casó con Dina, su esposa filipina, en 1994. Yuri, su hija, nació en 1995. Él no se adaptó mucho a la forma de vida del país, especialmente a la comida filipina porque “su estómago llevaba apreciándola desde antes incluso de que su mujer hubiera nacido”. La comida le sirvió para negociar su identidad japonesa en el hogar: prefería el arroz japonés antes que el filipino y el misoshiru (la sopa miso) como alimentos básicos en las comidas familiares, mientras que dejaba a Dina decidir los platos centrales. El sinigang na bangus era siempre una excepción. Al tratarse de un plato completo y unificador, se cocina según la mezcla de ingredientes preferida de cada casa, y el nivel de acidez se atempera para acomodar los diferentes gustos de los miembros de la familia. Al desdibujar las fronteras entre lo japonés y lo filipino, el sinigang deja de ser un fuerte plato étnico filipino y se transforma en un simple alimento reconfortante compartido en una mesa nipón-filipina. Simboliza la afinidad establecida de Tomo con los migrantes filipinos en Japón y es una fuente de intimidad en su nueva familia multicultural o “mixta” en Filipinas.


El relato de “deseo de afiliación” de Tomo muestra que la voluntad de los hombres japoneses por aprender aspectos de la cultura filipina tiene un impacto sobre las relaciones de pareja y familiares nipón-filipinas, permitiéndoles acomodar con éxito identidades multiculturales o mixtas. Los hombres japoneses y las mujeres filipinas pueden ser agentes de cambio cultural en Japón e intercambios transnacionales con Filipinas, donde su experiencia culinaria y migratoria personal puede ayudarles a cultivar relaciones afectivas. Preparar y consumir comida tan impregnada de significados culturales como el sinigang puede transformar las experiencias culinarias japonesas y reforzar las nociones culturales básicas para el bienestar de las familias interculturales.

Jocelyn O. Celero

Jocelyn O. Celero es en la actualidad Profesora Asistente y Coordinadora del Programa de Estudios Japoneses en el Centro Asiático en la Universidad de Filipinas-Diliman. Obtuvo un Doctorado en Estudios Internacionales por la Universidad de Waseda, Tokio (Japón) en 2016. Su tesis examinaba las trayectorias vitales transnacionales de nipón-filipinos de generación 1,5 y segunda generación. En 2017, fue Nueva Asociada Académica en el Centro de Política Social Global de la Universidad de Toronto, donde contribuyó a la investigación sobre “Género, migración y trabajo en los cuidados en Asia-Pacífico”. Desde 2019 ha sido Fellow/Punto Focal en CIFAL Filipinas.​

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