El capital político exterior de Bielorrusia: El papel del activismo en la lucha por la democracia desde Lituania

HENRIK STEEN KRISTIANSEN  |  20 FEBRERO 2021  |  ROUTED Nº14  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS POR JAVIER ORMENO

Fotografía del autor.

Desde que en agosto pasado estallaron las protestas por las cuestionadas elecciones nacionales en Bielorrusia, muchos activistas políticos bielorrusos han huido a Lituania uniéndose a una escena política bielorrusa ya bien establecida en Vilnius, la capital de este país. Ellos son parte de lo que yo llamo “capital político exterior” —poder político y recursos en un país externo acumulados a través de la organización de un grupo políticamente activo, reconocimiento internacional y buena voluntad— y potencialmente podrían desempeñar un papel central en una futura Bielorrusia democrática, y en las futuras relaciones entre Belarús y Lituania.

 

El 9 de agosto de 2020, se celebraron elecciones en Bielorrusia y el presidente Alexander Lukashenko, conocido como el “último dictador de Europa”, declaró una gran victoria con el 80% de los votos. Se cree que las elecciones fueron manipuladas y no fue invitado ningún observador externo independiente para monitorearlas. La comunidad internacional no considera que las elecciones en Bielorrusia hayan sido libres y justas desde 1994, cuando Lukashenko asumió la presidencia. Lukashenko se define a sí mismo como un firme nacionalista y mantiene rasgos de la era soviética, como el control estatal sobre la industria y los medios de comunicación, y la poderosa policía secreta, todavía llamada KGB.

 

Los resultados de las elecciones dieron lugar a grandes protestas en todo el país, y miles de personas se han manifestado en las ciudades de Bielorrusia prácticamente todos los días desde entonces. Los enfrentamientos violentos con la policía antidisturbios, las personas detenidas por protestar y golpeadas brutalmente bajo custodia han sido habituales durante el régimen de Lukashenko. Entre 2020 y 2021, Lukashenko ha seguido manteniendo el poder en Bielorrusia con mano de hierro, a pesar de la oposición masiva y la reacción internacional que ha enfrentado desde agosto. Poco después de las disputadas elecciones, la principal candidata de la oposición y presuntamente “verdadera” ganadora de las elecciones, Svetlana Tikhanovskaya, se vio obligada a huir a Lituania, junto con otros destacados miembros de la oposición.

 

La vecina Lituania ha sido un destino clave para los bielorrusos que huyen de la persecución política y trabajan por conseguir un cambio en su país desde hace muchos años. En 2006, se estableció en Vilnius la Casa Bielorrusa de Derechos Humanos Barys Zvozskau, una organización que agrupa a nueve ONG bielorrusas que trabajan en cuestiones relacionadas con los derechos humanos y la libertad de prensa, debido a la imposibilidad de registrar la organización en Bielorrusia. Desde su creación, han trabajado para mejorar la situación de los derechos humanos en Bielorrusia y proteger la libertad periodística. La Universidad Europea de Humanidades (EHU), una universidad bielorrusa, también opera en el exilio en Vilnius desde 2005.

 

En agosto de 2020, Lituania simplificó los procedimientos de visado y asilo para los bielorrusos que enfrentan persecución política, permitiéndoles solicitar visados ​​a través de una nueva excepción humanitaria, el llamado “corredor humanitario”. Entre el 21 de septiembre y el 1 de diciembre de 2020, Lituania emitió 1 354 de estos visados a bielorrusos que huían de su país. Según un bielorruso en Vilnius, “las organizaciones internacionales no operan en nuestro país, por lo que nuestra vida política está en el exilio”. Los activistas que han huido a Lituania encuentran allí la libertad de continuar con su trabajo sin temor a una persecución inminente por parte de las autoridades, como les ocurría en Bielorrusia. Los activistas también pueden encontrar otras oportunidades; por ejemplo, muchas universidades lituanas ofrecen educación gratuita a los estudiantes bielorrusos perseguidos. Además de las oportunidades que les brinda directamente vivir en Lituania, los activistas pueden aprender unos de otros y crear redes entre ellos, lo que no habría sido posible en Bielorrusia. Esta capacidad para organizarse, reunirse y comunicarse con otros puede aumentar la eficiencia y eficacia de las actividades relacionadas con la democratización, así como con otros temas políticos y sociales de Bielorrusia.

 

Los acontecimientos en Bielorrusia también han tenido un impacto en la vida política de Lituania. Después de que comenzaran las protestas en agosto, Lituania emergió como un firme partidario del cambio de liderazgo en Minsk y de la protección de los derechos humanos en la región, elevando sustancialmente el perfil político internacional del país. Por ejemplo, Tikhanovskaya ha hecho de Vilnius su base de operaciones, y su presencia ha llevado a varios líderes estatales, incluido el presidente francés Emmanuel Macron y la primera ministra noruega Erna Solberg, a la capital lituana. La postura de Lituania sobre Bielorrusia puede haber estado parcialmente influenciada por la presencia de un gran número de activistas, miembros de la oposición y, por supuesto, la líder de la oposición, Tikhanovskaya. Además, es de interés para Lituania contar con un socio fiable y estable en Bielorrusia, algo que no tiene con Lukashenko.

 

Los activistas y políticos bielorrusos en Lituania pueden considerarse “capital político exterior”. Los bielorrusos en Lituania son libres de oponerse al régimen de Lukashenko, generando reconocimiento y apoyo para su causa en el escenario internacional, lo que otorga credibilidad y legitimidad a sus esfuerzos. No está claro cuándo habrá un cambio de régimen en Bielorrusia, o si llegará a producirse. Si lo hay, sostengo que este “capital político exterior” bielorruso creará un grupo de jóvenes prodemocráticos bien organizados, altamente educados y sin vínculos con el régimen de Lukashenko, que algún día pueden convertirse en líderes de una Bielorrusia libre y abierta. Por lo tanto, Tikhanovskaya (u otro líder potencial) tendrá un grupo listo para asumir el liderazgo en el futuro. Además, las redes con las que los activistas y miembros de la oposición pueden conectarse y el reconocimiento que obtienen mientras están en Lituania podrían sentar las bases para el apoyo y la cooperación internacionales en el futuro. En el escenario de una Bielorrusia libre y democrática, el país y sus líderes probablemente tendrán relaciones más positivas y más cercanas con Lituania que nunca, cambiando sustancialmente la dinámica de las relaciones exteriores en la región.

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Henrik Steen Kristiansen

Henrik Steen Kristiansen is es un estudiante de segundo curso del Máster en Ciencias Políticas de la Universidad de Copenhague y está escribiendo su tesis de máster sobre la minoría polaca en Lituania. En la actualidad es becario en la Oficina del Consejo Nórdico de Ministros en Vilnius, Lituania. Henrik se interesa especialmente por la región báltica, Bielorrusia y Ucrania. Puedes contactarle en LinkedIn.

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