La (in)movilidad de las familias durante las fiestas: Las medidas de contención del COVID-19 del gobierno noruego y el activismo en Facebook de las familias separadas por las fronteras

ALYSSA MARIE KVALVAAG  |  19 DE DICIEMBRE 2020  | ROUTED Nº13  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS

Fotografía de Volodymyr Hryshchenkoa en Unsplash.

La movilidad de las familias internacionales se ha visto alterada por el COVID-19 a escala global. Los regímenes fronterizos nacionales afectan a la movilidad o inmovilidad de los individuos, y estas regulaciones se han vuelto más estrictas a causa de las medidas de contención del COVID-19. Para las familias que están separadas por las fronteras, estas medidas tienen un impacto sobre su capacidad de viajar y volver a verse, lo que afecta a sus posibilidades de celebrar las fiestas juntos.

 

Para los residentes en Noruega, el gobierno ha adoptado un criterio estricto respecto a quién “cuenta” como familiar durante la pandemia y tiene por tanto el derecho de visitar a sus parientes. El 14 de mayo, el Ministro de Justicia y Seguridad Pública precisó que los residentes del Espacio Schengen que tienen familiares en Noruega (en concreto cónyuges, cohabitantes, prometidos/as, hijos/as o nietos/as) pueden entrar en el país. Sin embargo, los familiares que residen en los llamados “terceros estados” (países fuera de Schengen) no tienen permiso para entrar en Noruega. En la vecina Dinamarca, los novios/as, progenitores e hijos/as de todas las edades, abuelos/as, nietos/as y hermanos/as de los residentes en Dinamarca han podido viajar al país desde el 27 de junio, sin ninguna restricción respecto al país desde el que viajan, mientras que cuenten con una prueba de coronavirus negativa en las 72 horas anteriores a la entrada en el país.


 

El activismo en Facebook y la extension de quién “cuenta” como familiar

 

El grupo de Facebook Vi som ønsker våre foreldre fra ikke EU-land på besøk (“Los que deseamos que nuestros padres de fuera de la UE nos visiten”), así como las páginas de Facebook Oss med familie eller kjæreste i utlandet under Covid-19 2020 (“Los que tenemos familiares y seres queridos en el extranjero durante el COVID-19 2020”) y La Familien Møtes (“Dejen que las familias se reencuentren”) se han movilizado y han defendido que se permita la entrada en Noruega a los familiares de los residentes en Noruega, independientemente de su ciudadanía o país de residencia. La movilización organizada en Facebook ha dado lugar a manifestaciones fuera del parlamento noruego, sugerencias políticas específicas presentadas en audiencias al gobierno, peticiones al gobierno para replantearse sus políticas y contactos con diferentes medios de comunicación para arrojar luz sobre los detalles de las restricciones actuales.

Una victoria llegó el 15 de julio cuando los “familiares cercanos” de los residentes en Noruega (definidos por el gobierno como cónyuges, parejas inscritas y cohabitantes, hijos/as e hijos/as de los cónyuges menores de 21 años, progenitores y cónyuges de los progenitores de menores de 21 años, así como novios/as) pudieron entrar en el país. También el 15 de julio, Noruega reabrió sus fronteras al turismo europeo, algo que fue percibido como discriminatorio entre quienes estaban aún esperando que se permitiese viajar a sus familiares de terceros estados (como progenitores de mayores de 21 años y abuelos/as). El activismo continuó y logró una segunda victoria el 21 de octubre, cuando los progenitores y cónyuges de los progenitores de hijos/as de todas las edades, hijos/as e hijos/as de los cónyuges de todas las edades, abuelos/as y cónyuges de los abuelos/as de los residentes en Noruega procedentes de terceros estados pudieron entrar en el país.

Los hoteles de cuarentena y la nueva (in)movilidad

Con esta victoria del 21 de octubre, muchos residentes se volvieron optimistas respecto a la posibilidad de pasar las fiestas en Noruega con sus padres y abuelos. Sin embargo, en medio de una nueva ola de COVID-19, el gobierno anunció una política de hoteles de cuarentena que comenzó el 9 de noviembre. En la práctica, esto se tradujo en que los familiares que viajan a Noruega de visita son llevados en autobús desde el aeropuerto hasta un hotel para pasar una cuarentena obligatoria de diez días. Para los individuos, el coste es de 500 coronas noruegas al día, aproximadamente 50 euros; este gasto se suma a los costes del vuelo, en algunos casos un visado, y se multiplica por el número de familiares que se alojan en el hotel de cuarentena, lo que puede hacer el viaje prohibitivo para muchos. De esta manera, la medida afecta desproporcionadamente a aquellos que tal vez no tengan los medios para pagar esta estancia, teniendo en cuenta el coste ya elevado del viaje.

Además, a muchos les preocupa que familiares que no hablan noruego o inglés lleguen a un país extranjero, los detengan y lleven en autobús a un hotel de cuarentena y queden aislados en una habitación durante diez días sin los conocimientos lingüísticos para comunicarse o entender exactamente qué está pasando. Otros se alarman ante la posibilidad de que se produzcan brotes de COVID-19 en las instalaciones, y el aumento del riesgo de que sus familiares se contagien. Un periódico informó el 12 de diciembre de un hotel de cuarentena abarrotado, en el que se obligó a varias personas a compartir habitación, con al menos un caso de cuatro personas que no se conocían previamente alojadas en la misma habitación. Aunque las autoridades reconocieron que esto había sido un error y tomaron medidas para evitar que volviese a ocurrir, esto genera preocupación por quienes viajan a Noruega. Algunos se han organizado con sus empleadores para trabajar a distancia durante la cuarentena, pero la baja calidad de la conexión a internet en algunos de los hoteles de cuarentena ha afectado a su capacidad de trabajar eficientemente. A quienes viajan con niños les preocupa adquirir los productos que necesitan (como pañales) para pasar la estancia, en los casos en que sus familiares no están en la región para acercárselos. Además, ha habido confusión respecto a dónde se realiza la estancia en el hotel de cuarentena, si es en el municipio por el que los familiares entran a Noruega, o el de destino final.

A pesar de la alegría de poder al fin entrar en el país, estas preocupaciones han resultado en la inmovilidad de algunos, haciendo más difícil para ellos celebrar las fiestas con sus seres queridos. La política de los hoteles de cuarentena se puso en marcha inicialmente hasta el 3 de diciembre; desde entonces, ha sido ampliada a todo periodo festivo, modificando algunos de los requisitos en un intento de hacerla más justa. Pese a estos ajustes, sigue habiendo preocupación y ha continuado el activismo desde las redes sociales, con una petición al gobierno para que revise las nuevas reglas sobre hoteles de cuarentena que incluye algunas sugerencias políticas, publicada bajo la iniciativa #SlippOssInn (“#DejadnosEntrar”). 


 

Regímenes fronterizos, inmovilidad y COVID-19

En medio de estos desafíos, otros familiares siguen enfrentándose a la inmovilidad a consecuencia de la limitada definición de quién “cuenta” como familiar. Los hermanos y hermanas procedentes de terceros países, por ejemplo, siguen sin poder entrar en el país y padecen esta inmovilidad y la falta de posibilidades de celebrar las fiestas con sus seres queridos.

 

Los regímenes fronterizos afectan a la (in)movilidad de los individuos, incluso cuando no hay una pandemia global, y, en sus esfuerzos por contener el COVID-19, muchos gobiernos han restringido aún más las normas sobre quién puede entrar en el país. En Noruega, los familiares que están separados por las fronteras geográficas se han visto aún más separados por las políticas. Estas medidas de contención tienen un impacto significativo sobre la capacidad de los familiares para reencontrarse y celebrar las fiestas juntos.

* Yo misma no estaría escribiendo este artículo si mi propia familia no se hubiese visto afectada por la inmovilidad durante la pandemia.

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Alyssa Marie Kvalvaag

Alyssa Marie Kvalvaag es investigadora doctoral y fellow en Sociología en la Nord University de Bodø, Noruega. Su investigación se interesa por las migraciones internacionales, la integración de los inmigrantes y los derechos humanos.

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