“¿Realmente he sobrevivido?” Sobre el hogar, el refugio y la cuarentena en Roma

KHALED KARRI & ELEANOR PAYNTER  |  20 DE JUNIO 2020  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS  |  ROUTED Nº10

Todas las imágenes son de Khaled Karri.

En todo el mundo, los gobernantes han adoptado un lenguaje belicoso para describir su respuesta a la pandemia de COVID-19. Es una guerra, nos dicen, contra un enemigo invisible. Es una batalla que, según algunos nos sitúa a todos como refugiados: preocupados por los recursos, enseñando documentos de identidad para justificar nuestros movimientos, escondiéndonos como buenamente podemos del peligro.

 

Solo que no todos somos refugiados. Aunque compartimos esta lucha colectiva y el un miedo común, vivimos la pandemia de forma diferente. Esto queda de manifiesto con el aumento de los crímenes de odio contra los estadounidenses de origen asiático y en las tasa de mortalidad desproporcionadas en las comunidades negras y racializadas en EE.UU. y Reino Unido. También es evidente la falta de ayuda para quienes viven en campos de refugiados y migrantes en Grecia, Líbano o Bangladesh; y en otros lugares las personas que huyeron de sus casas para buscar refugio están ahora atrapadas en tránsito. Incluso para los refugiados que habían logrado algo de estabilidad, la cuarentena puede traer a la memoria periodos pasados de incertidumbre y espera.

 

Khaled ha vivido en Roma desde 2017. En Siria, fue a la universidad hasta que fue reclutado para el ejército entre 2010 y 2015. En este tiempo fue también encarcelado y torturado durante casi un año. Emprendió entonces su viaje desde Siria, primero a Turquía, luego a Libia, donde pasó un año antes de decidir a pasar en barco a Italia. En Roma, Khaled es defensor de los derechos de los migrantes y estudia Comunicación en la Universidad John Cabot, actividades en las que ve una oportunidad para encontrar su camino en la vida.

Nos conocimos en Roma poco después de que Khaled llegase aquí, cuando Eleanor estaba en la ciudad para un proyecto. Una de las primeras veces que quedamos estuvimos paseando durante horas a lo largo de las antiguas murallas aurelianas, compartiendo historias. Pero la mayor parte de nuestras conversaciones han tenido lugar a distancia –Khaled en Roma, donde le concedieron asilo, y Eleanor en Ohio, donde estaba completando sus estudios. Esta distancia se ha solidificado con la pandemia que, este año, nos ha mantenido a ambos en “casa” y que recientemente ha llevado el rumbo de nuestras conversaciones hacia las dinámicas visibles e invisibles que configuran el presente para Khaled y para aquellos que están en situaciones similares.

 

Cuando hablamos por teléfono a finales de marzo, Khaled dice que no ha visto una ciudad así de alterada desde Damasco. No hay casi tráfico de coches. Del otro lado de su ventana, la ciudad incluso huele diferente. Como otros residentes en Italia, cuando sale de su apartamento los agentes de policía comprueban su permiso firmado para verificar que va a hacer un recado permitido. En mayo, Italia ha comenzado a relajar las restricciones, y Khaled, que ya no puede permitirse el alquiler, ha tenido que mudarse seis veces.

 

Estar confinado es verse confrontado a las realidades del hogar como idea y como espacio físico. Estas son las palabras de Khaled, compartidas a lo largo de conversaciones a través de nuestras muy diferentes experiencias de la pandemia y recopiladas por ambos, acerca de cómo el interminable “ahora” de la cuarentena en Roma transforma las nociones del hogar como refugio:

~~~

Antes del coronavirus, mi día a día era levantarme, ir en bicicleta a la universidad, y luego andar por la ciudad para encargarme de diferentes cosas. Así que todos los días estoy trabajando, estoy haciendo, me mantengo ajetreado. Hago estas actividades porque no quiero volver a mi habitación y quedarme solo con mis recuerdos. Prefiero llegar muy cansado a la noche, cuando puedo desplomarme en mi cama y ahí acaba todo. Pero con el coronavirus, las circunstancias me están permitiendo ahondar en mis pensamientos. Lo que significa que estoy regresando a momentos en los que nunca tuvo tiempo de pensar, incluso cuando estaban ocurriendo. Hasta ahora estaba solo escapando del ahora, huyendo de una cosa a la siguiente. No había tiempo para pensar en el pasado. Pero ahora mismo tengo todo el tiempo del mundo, 24 horas, el tiempo perfecto para recordar. Suficiente tiempo para sentirme triste o sentirme asustado.

Y estaba pensando que si no tuviese responsabilidades en la universidad, ahora mismo estaría trabajando. Y si estuviese trabajando ahora mismo, habría perdido mi trabajo porque no podría trabajar por el coronavirus. Así que volvería a estar viviendo junto a la estación de tren de Tiburtina. Ahora mismo, el mayor miedo que he tenido desde que llegué a Italia es por el lugar en el que vivo.

Visitando a migrantes que viven en la estación de Tiburtina durante el confinamiento.

Pero este no es mi único miedo. Hay miles de personas aquí que no están seguras en su vida cotidiana, que tienen este miedo de no tener dónde vivir. El coronavirus no distingue entre ricos y pobres, negros y blancos. Y la cuarentena no es aislamiento; es una oportunidad para pensar en tu vecino, que no puede trabajar desde casa porque no tiene trabajo.

* * *

Durante la cuarentena, los pocos que salen temprano por la mañana visitan el banco de alimentos de una iglesia.

Pienso en lo que significa tratar de estar seguro para distintas personas. Y sobre las personas que están realmente aisladas…

 

Cuando pienso en la cuarentena, en lo que significa el aislamiento… No me digas que estás aislado cuando tienes tu iPhone 7 Plus. El aislamiento es cuando estás encarcelado y comes solo media ración y das la mitad de tu co​mida a las ratas porque quieres conservar tus dedos, o la punta de las orejas. No quieres que esta rata se abalance sobre ti cuando estás durmiendo. Y duermes no porque quieras hacerlo, sino porque comer tan poco te ha dejado sin fuerzas. Eso es a lo que yo llamo aislamiento. Ahora mismo, el mundo entero habla del aislamiento; pero, ¿qué tipo de aislamiento es el tuyo?

 

No pretendo exagerar; nunca cuestionaría a las personas que están viviendo ahora mismo en las prisiones, o en zonas de guerra, o a los que viven en regiones pobres.

 

* * *

 

Cuando comenzó la guerra en Siria, la gente empezó a moverse de un lugar a otra. Como yo, me mudé de mi casa a casa de mi abuelo, y mi tío vino a vivir porque la casa de mi abuelo estaba en el centro, donde no estaba ocurriendo nada. Y éramos casi 5 familias allí dentro. Esto sí lo estoy viendo en el confinamiento. La gente está bloqueada en casa de otro, y de alguna manera no pueden regresar a la suya propia. Así que este aspecto me recuerda mucho a la guerra.

 

Y yo soy afortunado porque durante la cuarentena he podido ir a vivir con mis amigos. Pero mi traslado también afecta la manera en que me comporto con la gente. Por un lado, os sentís más próximos, pero cuando necesitas quedarte en casa de un amigo también tienes que ser más amable de lo que eres en realidad, más encantador, más agradable. Porque tienes que robar la atención de tu amigo para que te deje dormir en su casa. Y la gente te ayuda… pero de alguna manera sientes que eres una carga. En esta situación, ¿cómo puedes tener tu vida cuando otras personas no solo tienen su rutina, sino otra cultura?

 

* * *

Ahora mismo me repugna un poco hablar de mi relación con la ciudad antes y después del coronavirus. Nunca sentí que Roma fuese un país extraño.

Hay muchas cosas que no puedes describir con palabras, pero que sientes en las antiguas vie romanas, por ejemplo. Cuando caminas por el barrio del Trastevere, te sientes como si paseases por el viejo Damasco. Ambas, Roma y Damasco, son ciudades muy antiguas. Y compartimos historias, comida, cultura, comportamientos. Me siento en casa. Siento que este es realmente un hogar. Eso es lo que permitió, al principio, tener paciencia con esta situación, con la enfermedad y todo. He pensado en marcharme; no quiero quedarme atado a un lugar. Pero me quedé.

 

El escritor sirio Muhammad Al Maghut dijo: “No puedo tratar a mi ciudad como si fuera un hotel, que cuando el servicio sea malo yo vaya a marcharme”. Yo tampoco quiero tratarla así. Cuando estaba en Damasco entre 2010 y 2015, mi madre me llamaba y me decía que me marchase y mi padre me decía que me marchase, que saliese de allí, y yo tenía esta idea de que no quería tratar a Damasco como si fuese un hotel y marcharme, había disfrutado del servicio allí durante 25 años. Desde que nací, bebí agua allí, comí pan allí, lo hice todo. Y aquí mantengo la misma idea. No me quiero marchar de Roma ahora, como si fuese un hotel. No quiero ser desagradecido con la ciudad, como si quisiera escapar de allí en cuanto aparezca el primer problema. 

El Trastevere durante el confinamiento.

Al mismo tiempo, estoy muy cansado de estar en esta posición de tener que pensar en escapar. Quiero vivir una vida normal. Esta vida normal es mi derecho básico. Quiero dejar de ser un superviviente. Sé que a la gente le encanta escuchar tu historia porque eres un superviviente, pero cuando la gente te trata como a un superviviente, te trata como a alguien que haya sido una víctima. Te miran como si fueses alguien que tuvo un problema. Pero yo tengo un problema. La pregunta que me gustaría que me hicieran es: ¿realmente he sobrevivido? Y durante la cuarentena puedo decir que aún no he sobrevivido, amigos.

 

Y todo el trabajo que estoy haciendo (aunque en estos momentos no estoy haciendo mucho), todo lo que llevo hecho desde que llegué aquí fue para construirme a mí mismo, crear una nueva vida, sentirme un poco estable, más confiado, ser dueño de mi propia mente, mi propio cuerpo, mi propio Khaled.

Khaled Karri

Khaled es un refugiado sirio en Italia y estudiante de Comunicación en la Universidad John Cabot. Fue reclutado para el ejército sirio entre 2010 y 2015. Después de ser secuestrado, arrestado y maltratado, huyó de Siria. En la actualidad, Khaled vive en Roma, donde da charlas públicas, es estudiante y realiza películas.

Eleanor Paynter

Eleanor Paynter estudia el desplazamiento forzoso, el asilo, y cuestiones relacionadas de derechos y representación, centrándose en las movilidades mediterráneas y las migraciones hacia y a través de Italia. Su trabajo ha aparecido en revistas científicas y medios como Contexts, LA Review of Books y The New Inquiry. Tiene un doctorado en Estudios Comparativos de la Universidad Estatal de Ohio. Twitter: @ebpaynter

Otros artículos

(Max) Catherine Bryan Violet in Personal

Sobre migración laboral y reproducción en tiempos de COVID-19

Irene.jpg

¿Y si fuera el final de la movilidad? Una lectura (no tan) distópica de la actualidad

KV

Dostema: Una conversación entre amigos

 2020, Routed Magazine   |   Creative Commons BY-NC-ND 4.0   |   Privacidad