Repercusiones de una Masacre: Milicias, externalización de las fronteras de la UE y Revolución Sudanesa

18 DE JUNIO 2020  |  CRÓNICA  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS  |  ROUTED Nº10

El 3 de junio de 2019 se produjo una masacre en Jartum, Sudán, que dejó al menos 128 muertos, centenares de heridos y docenas de mujeres violadas en una protesta en el exterior del cuartel general. Yo, una persona no sudanesa, llevaba viviendo en Sudán desde antes de que comenzase la Revolución, y estaba allí ese día también. Me admiraban profundamente la fortaleza y entereza del pueblo sudanés. Creo en la Revolución y creo en el pueblo sudanés.

Por desgracia, el 3 de junio no es solo un día de luto y conmemoración; está también impregnado de política. Además de ser un punto de inflexión en la Revolución Sudanesa, este suceso fue también significativo para la estrategia migratoria de la UE en el cuerno de África, así como para el ascenso al poder de un grupo de milicianos llamado Fuerzas de Apoyo Rápido.

Primer Acto: El Proceso de Jartum 

La estrategia migratoria de la Unión Europea en el cuerno de África está centrada en torno a una “plataforma de cooperación” conocida como Proceso de Jartum, que fue creado en 2014. El documento guía del Proceso es profunda y rotundamente aburrido. Está plagado de clichés vacíos y retórica vaga a propósito de la “gestión migratoria” en la región. Detrás de toda esta prosa grandielocuente, la esencia de la política está bastante clara: externalizar las fronteras de Europa a África para frenar a los migrantes “irregulares” mucho antes de que lleguen a aguas europeas. Así se evitan preguntas políticamente difíciles, como por qué tantas personas están muriendo en el Mediterráneo y qué hacer con los barcos de migrantes y refugiados que consiguen cruzarlo. La gestión de estas fronteras externas se deriva a actores locales. A través del Proceso de Jartum, se le ofrecieron unos $160 million a Sudán, en su mayor parte para mejorar la gestión de las fronteras, incluyendo la provisión de apoyo tecnológico y formación, así como para varios proyectos de desarrollo.

El Proceso se concentra sobre todo en la ruta migratoria del Este de África e involucra a 16 naciones de la región, Sudán incluido. Sudán es un país de tránsito importante para etíopes, somalíes, eritreos y otros africanos orientales. Muchos refugiados sirios, que no necesitan un visado para entrar en el país, van a Sudán para intentar la ruta del Este de África. Además, muchos sudaneses abandonan el país rumbo a Europa, especialmente desde Darfur, la región más afectada por el conflicto. Sudán también alberga a cientos de miles de refugiados y millones de personas internamente desplazadas (IDPs)

Las críticas al Proceso comenzaron antes de que la tinta llegase a secarse en el documento. Muchos discreparon con la idea de que Sudán, un notorio generador de refugiados y violador de derechos humanos, quedase a cargo de evitar que migrantes y refugiados entren en Libia, así como, aparentemente, proteger sus derechos como seres humanos y como refugiados. Muchas ONGs, periodistas y activistas señalaron que Omar al Bashir, por entonces presidente de Sudán, está buscado por la Corte Penal Internacional por crímenes de genocidio nada menos, por lo que tal vez no sea el líder más digno de confianza con el que asociarse.

Sin embargo, el mayor inconveniente era el hecho de que sectores de la frontera sudanesa están patrullados por las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), una milicia que surgió de una reorganización y cambio de imagen de los yanyauid. Los yanyauid son conocidos por su papel en el genocidio de Darfur, cuando el gobierno de Bashir los utilizó como infantería en una campaña de contrainsurgencia que resultó en la muerte de 300.000 personas y el desplazamiento de más de 3 millones, así como innumerables violaciones. Dirigidos por el temido Mohammed “Hemedti” Dagalo, las FAR han estado implicadas en crímenes parecidos, incluso la queda de pueblos y la violación de mujeres  no solo en Darfur, sino también en otros estados sudaneses. Que también estaban patrullando la frontera sudanesa es innegable – hay muchas pruebas de esto, incluso publicaciones de la página de Facebook de las FAR comentando la detención de traficantes de personas y de pasadores. Sí, las FAR tienen una página de Facebook.

Además, varias investigaciones encontraron que las FAR eran también pasadores de personas, tanto antes como después del Proceso de Jartum. Hay todo un mercado para la compraventa y la esclavización de migrantes a lo largo de la frontera entre Libia y Sudán, en el cual las FAR son participantes entusiastas. Si  no se dedicaban a pasar personas, con frecuencia aceptaban sobonnos de los pasadores, en lugar de arrestarlos. Si detenían migrantes, abusaban de ellos, violando a las mujeres y torturando a los hombres. También capturaban a etíopes y eritreos, para abandonarlos del otro lado de la frontera. Un informe los bautizó como “el control fronterizo del infierno”.

Ahora, la UE negó categóricamente haber trabajado directamente con las FAR o haberles proporcionado recursos. No obstante, en un país tan corrupto como Sudán, es difícil saber adónde van realmente los recursos. Muchos en Sudán también afirman que el Proceso de Jartum reforzó a las FAR y que sus operaciones aumentaron después de ponerse este en marcha. No solo eso; además, algunos han expresado su preocupación por que, al cooperar en temas migratorios, los poderes europeos estuviesen contribuyendo a legitimar tanto el gobierno de Basir como las FAR.  

A pesar de estas críticas, la UE continuó su cooperación con Sudán.

Hasta el 3 de junio de 2019, cuando las FAR masacraron a 128 personas en una sentada pacífica. 

Segundo acto: La Revolución Sudanesa 

Las protestas empezaron en Sudán el 19 de diciembre de 2018 a raíz de la subida del precio del pan, pero como muchos de los participantes en las protestas no tardaron en apuntar, continuaron por la indignación no solo por la situación económica sino por el régimen opresivo del presidente Omar al Bashir, que llevaba unos 30 años en el poder. La reivindicación era simple: “Tasgut bas”, “Solo que caiga”. Después de “la Caída”, había esperanzas de democracia, recuperación económica y el fin de la violencia y la opresión. 

Personalmente vi poco de estas protestas. En las noticias, las protestas siempre “estallan”, pero en el mundo real suelen estar planificadas con antelación y pueden esquivarse con facilidad. En una ocasión me rociaron con gas lacrimógeno mientras comía un shawarma, pero eso fue todo. Fundamentalmente, lo que hice fue mirar y esperar. El sentimiento en la ciudad era eléctrico – unas veces; otras parecía que todo estaba a punto de apagarse y quedar en nada. Fue durante uno de estos periodos de calma que una amiga me contó que se había escapado de casa para participar en las protestas. Me sorprendió; ella era vivaz y extrovertida, pero siempre había sido una hija obediente. Cuando me enseñó cómo había estirado la esquina de su hijab para cubrirse la cara, los ojos le brillaban con una mirada de orgullo que jamás olvidaré.

– Me sentía tan enfadada –me dijo, sonriendo–. Sentía que ellos tenían que escucharme.

Y al final acabaron por escuchar. Después de semanas de protestas que con frecuencia fueron reprimidas violentamente por las fuerzas de seguridad, Omar al Bashir fue forzado a dimitir por los militares el 11 de abril.

Sin embargo, quedó claro rápidamente que los militares no se resignarían a ceder el poder a un equipo de transición dirigido por civiles. Querían que un consejo con una mayoría de militares gobernase el país durante un periodo de transición de tres años antes de celebrar elecciones. De hecho, tan pronto como Bashir fue destituido, constituyeron el Consejo Militar Transitorio del que Hemedti, el líder de las FAR, era vicepresidente. Los manifestantes querían un consejo de mayoría civil. Así que el pueblo sudanés volvió a salir a la calle – y allí se quedó, acampando alrededor del cuartel general durante semanas. Mientras los líderes del movimiento negociaban con el Consejo Militar Transitorio, en la sentada hubo marchas diarias y discursos de personas venidas de todo el país, describiendo lo que habían sufrido a manos del antiguo régimen. En un país donde la prensa no es en absoluto libre, esta pudo haber sido para muchos la primera vez que escuchaban estas historias – aunque probablemente tenían las suyas. Todas las personas que conocí las tenían, desde aquellos a los que se les había impedido la entrada a un edificio oficial por llevar pantalones, hasta los que habían visto a los yanyauid asesinar a miembros de su familia.

Justo antes de la masacre, se rompieron completamente las conversaciones y la retórica militar fue derivando peligrosamente hasta acusar a los manifestantes de “hacer el país inhabitable”. Entonces, el 3 de junio, unidades de las FAR entraron en la zona de la sentada y forzaron a la gente a abandonarla, de manera muy similar a como habían forzado a la gente a salir de sus casas durante años. Unas 128 personas fueron asesinadas, cientos heridas, y al menos 70 violadas. Docenas de cuerpos fueron arrojados al Nilo. Mucho más tarde, supe que uno de los asesinados era el hijo de una mujer que yo conocía, un hombre apuesto de unos 25 años, con la misma cálida sonrisa que su madre. Hablaba de él a menudo; sobre sus estudios, lo listo que era y lo orgullosa que estaba de él. Cuando pienso en la Masacre, ella es lo que recuerdo.

Como he dicho, mis propias experiencias de las protestas fueron en buena medida de segunda mano. No fue así con la Masacre. No presencié el suceso en sí mismo, pero me vi envuelta en sus consecuencias. El calor normalmente letárgico de Jartum se volvió de pronto sofocante y violento, mientras se levantaban apresuradamente barricadas de ladrillos, palmeras y, en un ejemplo memorable, parabrisas de coches, en protesta a la Masacre. Entre todo esto merodeaban las fuerzas de seguridad (entre las que se cuentan las FAR, las más temidas), subidos en sus técnicas (camionetas con ametralladoras instaladas sobre la caja).

Aunque lo negaron – y todavía a día de hoy lo niegan –, todo el mundo sabía que las FAR eran quienes habían perpetrado la matanza esa mañana. Las FAR habían jugado un papel en las protestas desde los inicios. Cuando comenzaron las protestas, fueron convocadas a Jartum desde todos los rincones del país, y se les encargó ayudar a reprimir las protestas junto a la policía y el ejército. El presidente Bashir puso grandes esperanzas en las FAR, refiriéndose a su líder Hemedti como “Hemayti”, que significa “mi protector”. Cuando no estaban aterrorizando a los manifestantes, las FAR (y el ejército) aparcaban sus técnicas en lugares estratégicos de la ciudad. Los veía todos los días, sentados en sus camionetas o apoyados sobre el capó, con las pistolas colgando ladeadas, cruzadas sobre la espalda.

Me di cuenta entonces de que tanto mirar a las FAR desde una perspectiva académica me había distanciado de la realidad de su existencia. Antes de llegar a Sudán, habían sido un concepto – indicativo de esta teoría o de aquella otra, nada más que eso. Pero ahora eran hombres bebiendo té en los puestos de la calle o comiendo ful (habas) juntos, tan alegres y sociables como cualquier otro grupo de jóvenes. Pero eran también una amenaza directa a la seguridad de muchas personas a las que quería.

La única vez que me sentí directamente amenazada por ellos fue el día de la Masacre. Me había quedado en un barrio lejos de donde vivía, buscando el camino a través del caos de las barricadas y quemando neumáticos con una chica adolescente que había conocido ese día. Caminábamos de un lado a otro de la calle, tratando de encontrar cobertura, cuando vi una técnica que se dirigía hacia nosotras. Normalmente, las técnicas están pintadas del color del cuerpo al que pertenezcan. Esta estaba sin pintar. Conforme se aproximaba me di cuenta de que ninguno de los hombres que viajaban en ella llevaban uniformes. Eso no era buena señal. El único motivo para no llevar uniforme es el de ocultar tu identidad, y la única razón para ocultar tu identidad es para poder negar potencialmente lo que sea que te dispongas a hacer.

A estas alturas del día, ya había oído exactamente lo que había ocurrido en la sentada, y en ese momento me di cuenta de que me encontraba en una parte de Jartum estratégicamente señalada. La clase de lugar que te interesaría desalojar, si estuvieses intentando tomar el control de la ciudad.

Había dos hombres en la parte delantera de la técnica y otros cinco en la trasera. Uno de ellos estaba agarrado con una mano a la ametralladora instalada sobre la caja de la camioneta, inclinándose al viento y echando hacia atrás el otro brazo. Llevaba gafas de sol de aviador y tenía una sonrisa tan amplia que casi le partía la cara. Estaba riéndose, como si alguien le acabase de contar un chiste sobre cómo todos nosotros esperábamos sobrevivir aquel día.

La distancia que pudiera quedar se disolvió y, al menos en ese momento, entendí algo sobre el poder de las FAR. El poder del hombre que estaba a punto de hacer cualquier cosa que quisiera, porque tenía una ametralladora, y nosotras no.

Pero todo lo que quería era seguir adelante, así que no nos pasó nada. La familia de la chica vino a rescatarnos poco después. Me trataron como si fuese una hija más; incluso en una nación tan hospitalaria como Sudán, la amabilidad que tuvieron conmigo fue extraordinaria.

Aunque los militares cortaron el acceso a internet en todo el país, muchos vídeos se filtraron al mundo exterior. Además, una campaña llamada #BlueforSudan fue puesta en marcha por los amigos de una de las víctimas, que mantuvieron viva la historia de la Masacre en redes sociales y en los canales de noticias internacionales.

El movimiento de protesta continuó, primero con huelgas y después con marchas. Y finalmente, consiguieron lo que querían. El Consejo Militar Transitorio aceptó crear un Consejo Transitorio con una mayoría de civiles. El Consejo ha derogado muchas leyes impopulares, está intentando sacar a Sudán de la lista del terror e incluso ha accedido a que el expresidente Bashir sea juzgado por la Corte Penal Internacional. El primer ministro transitorio Abdallah Hamdok parece genuinamente comprometido a construir un Sudán mejor. Pero no os hagáis demasiadas ilusiones: hay temores de un “estado profundo” aún leal a Bashir, la economía sigue por los suelos, y el conflicto violento continúa infestando parte del país.

 

Y Hemedti, el ilustre líder de las FAR, es vicepresidente de este Consejo también.

Tercer acto: Las FAR 

Aunque los informes de lo que las FAR ha hecho a los migrantes, así como su papel en los conflictos en curso en Sudán, son profundamente inquietantes y merecedores de todas las críticas que han recibido, el poder que tenía (y tiene) la organización no suele estar bien descrito en los informes críticos con el Proceso de Jartum. Una excepción notable fue un informe del Enough Project publicado en 2017.

Para empezar, las FAR están muy involucradas en la industria sudanesa del oro, uno de los sectores económicos más importantes del país. Hemedti es personalmente propietario de varias minas de oro, incluyendo la mina de Jebel Amer, una de las más grandes de Sudán, que robó al anterior líder de los yanyauid. Hemedti y sus familiares también son propietarios de varias empresas pantalla que comercian con oro y otros bienes. El oro ha sido con frecuencia comprado por el gobierno sudanés a un precio superior a su valor, ante la apremiante necesidad de cambiarlo por divisas extranjeras.

Parte de este oro se introdujo de contrabando en Chad, donde fue cambiado por vehículos. Muchos miembros de la organización, incluido Hemedti, tienen familia en Chad y las FAR tienen también relaciones políticas con grupos armados allí. La mayoría son pastores, que se mueven a través de las fronteras sin que les preocupe en qué nación están. Para las FAR la frontera es un recurso a aprovechar, sea traficando oro, personas o armas, y no un impedimento a la libre circulación. Esto es también cierto respecto al Proceso de Jartum: el dominio de las tierras fronterizas les ha permitido a ellos poner en práctica directivas de la UE, y al país beneficiarse de la asociación con la UE.

Todo este oro y actividades de contrabando han dado a la organización, y a Hemedti en particular, un abultado colchón de ahorros. De hecho, Hemedti afirmó haber depositado 1000 millones de dólares en el Banco de Sudán para estabilizar la moneda. Sea esto cierto o no, el propio hecho de que pudiera hacer tan fácilmente una afirmación así significa que tiene recursos considerables. Esto implica que, a pesar de que las FAR hayan sido oficialmente absorbidas por el ejército sudanés, pueden financiarse a sí mismas, lo que les convierte de facto en una fuerza de combate independiente. Esto podría tener consecuencias nefastas para la democracia y la seguridad.

La UE ha sido solo uno de los muchos clientes de las FAR. Aparte de usar la fuerza por el gobierno sudanés, también hacen el trabajo sucio de Arabia Saudí y de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Ha habido miles de soldados de las FAR combatiendo a su favor contra los rebeldes hutíes; un conflicto que es parte de la lucha de poder regional que enfrenta a la coalición liderada por Arabia Saudí e Irán. No solo eso; muchos de los soldados enviados allí eran niños. También se han enviado unidades de las FAR a luchar en el bando del general Haftar Libia, aliado de Arabia Saudí.

Estas campañas militares no solo fueron muy lucrativas, sino que además granjearon a Hemedti algunas amistades muy poderosas. Estas relaciones son especialmente importantes para entender la actual posición internacional de Sudán y las FAR en la región. El expresidente Bashir jugaba a enfrentar a las grandes potencias regionales entre sí y mantenía relaciones con Iran (hasta 2016), QatarTurquía, así como con los saudíes y los emiratíes.

Ya no es así: casi tan pronto como Bashir fue destituido, todos los acuerdos con Qatar y Turquía se fueron al garete. Sudán está firmamente instalado en el campo saudí ahora; Arabia Saudí y EAU incluso prometieron al país 3000 millones de dólares en ayuda. Aunque hay muchos en el ejército sudanés con conexiones en EAU y Arabia Saudí, las FAR son claramente una parte importante de esta alianza gracias a las tropas que proporcionaron a Arabia Saudí y a EAU. Desde luego, Hemedti parece mantener una relación amistosa con Arabia Saudí, llegando incluso a reunirse con el príncipe heredero Mohammed bin Salman. Si los saudíes decidieran inferir en la política sudanesa para sus propios fines políticos, podría traer en consecuencias desastrosas para el país. Existen pruebas inquietantes de que esto ya ha ocurrido: miembros destacados del ejército sudanés se reunieron con altos cargos de Egipto, Arabia Saudí y EAU en los días anteriores a la Masacre. Uno se pregunta de qué podrían estar conversando.

Ahora mismo, Hemedti se está embarcando en una campaña de rejuvenecimiento de su imagen. No contento ya con ser un señor de la guerra en las sombras, dependiente del poder de las ametralladoras, busca ahora una influencia mayor, y ejercer poder blando además del duro. Unas semanas después de la Masacre, Hemedti contrató a una empresa canadiense de relaciones públicas a la que pagó 6 millones de dólares para que le ayudasen a limpiar su imagen. Ha estado también deambulando por el país, repartiendo dinero a policías y comerciantes. Incluso aceptó ceder su mina de oro más rentable al estado, aunque está por ver lo transparente que vaya a ser este proceso. Ha continuado negando la culpabilidad de las FAR en la Masacre del 3 de junio, a pesar de la montaña de pruebas presentadas por Human Rights WatchPhysicians for Human Rights y de que el ejército admitiese que había dado órdenes de reprimir duramente a los manifestantes. Por supuesto, no es tan fácil engañar al pueblo sudanés. Cuando un representante de las FAR acudió a un homenaje a las víctimas de la Masacre hace unos meses, fue abucheado por los asistentes.

Cuarto acto: El futuro 

 

Asumiendo que se han realizado las investigaciones adecuadas, la UE debería haber estado al tanto de todo lo que se ha relatado aquí. Sin embargo, no fue hasta después de la Masacre que la UE suspendió la cooperación en materia de control fronterizo con Sudán. Alex De Waal, uno de los principales expertos mundiales sobre Sudán, calificó esto como “...básicamente una admisión de culpa”. No hubo hechos nuevos, ni cambios en la cantidad de pruebas; lo que cambió fue la visibilidad de las propias FAR. De repente, su violencia salpicaba todos los canales de noticias alrededor del mundo, ya no quedaba confinada solo a pueblos sin nombre en el medio de la nada. La visibilidad, y no otra cosa, fue el desencadenante del cambio.

Está claro que aunque el Proceso de Jartum haya sido lucrativo, e incluso proporcionase algo de legitimidad al gobierno sudanés y a las FAR, fue una pequeña parte de las operaciones de las FAR. La UE fue solo uno de los muchos clientes de las FAR – uno de los menores, además. Que abandonasen el acuerdo apenas tuvo importancia sobre el terreno en Sudán: sigue abusándose de los migrantes, y las FAR tienen más poder – y más amigos poderosos – que nunca.

¿Y qué fue la Masacre, el suceso que inspiró la escritura de este artículo? Para docenas de familias en Sudán, fue el día en que perdieron a un ser querido. Fue también un día del que sacar fuerzas; un día tras el cual la lucha debía continuar. Incluso ahora, la tarea de la Revolución continúa.

Pero tanto para la UE como para las FAR, ha quedado reducido a un parpadeo publicitario. Hemedti está esforzándose por conseguir legitimidad; aunque siempre será un intruso entre las élites de Jartum y pocos olvidarán el papel de las FAR en la Masacre, su poder e influencia son inmensos. Además, la UE continúa apoyando políticas similares en otras partes del continente, con tan poca consideración por las vidas de los migrantes y la política interna de la región como mostró con Sudán. Incluso el Proceso de Jartum continúa; aún promueve la cooperación en materia de “gestión migratoria” entre la UE y países como Eritrea y Yibuti – solo ha dejado de cooperar con Jartum.

Este artículo ha sido publicado anónimamente para proteger la identidad de su autor/a.

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