Una tela hecha jirones

AMMA ABOAGYE  |  14 AUGUST 2021  |  ROUTED Nº16  |  TRADUCIDO DEL INGLÉS POR MAGDA R. DEHLI
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Fotografía tomada por Streamline 360 para el Wax Print Fest 2019. Los asistentes interactúan con una tela estampada de inspiración tecnológica, decorada con códigos QR, creada por la diseñadora ghanesa Chloe Assam. Cortesía de la autora.

Ahora mismo, en Accra, hay un hombre vestido con una americana gris oscuro sobre una camisa de cuello blanco, una corbata azul marino, pantalones largos grises, calcetines grises y zapatos cerrados de cuero negro y suela dura. Este hombre está sentado en un trotro, un autobús local escasamente ventilado, sin aire acondicionado y normalmente lleno hasta los topes. Conozco la estampa. He viajado a su lado muchas veces en Accra.

 

Tiene calor.

 

Cuando llegue a su lugar de trabajo, un banco importante en la capital del país, estará cubierto de sudor. Es el primero de su familia en graduarse en la universidad y, buen estudiante de ciencias, ha conseguido el trabajo de sus sueños en una institución financiera que le ofrece estabilidad laboral, acceso a préstamos sin intereses y aire acondicionado al menos ocho horas al día. En este espacio refrigerado, su vestimenta tiene sentido. Llevar varias capas de ropa, ahogarse con un nudo al cuello y soportar gruesos zapatos de cuero es un precio razonable comparado con ocupar un lugar en una institución de tanto prestigio.

 

Este es el sueño ghanés, un sueño que me han explicado en las innumerables conversaciones que he mantenido con personas jóvenes en diversos lugares de Ghana, donde he trabajado en el ámbito de la política educativa.

 

Lejos de allí, en una oficina de Washington DC, hay una mujer ghanesa-americana orgullosa de su colorido turbante de tela estampada. Lleva una falda de tela estampada y una americana. Se siente agradecida de poder expresarse con libertad en el trabajo a través de estos colores y diseños. Forma parte de la generación milenial y de su lucha activa contra la política de lo “respetable” en los lugares de trabajo. ¿Por qué va a limitarse su ropa al gris y al negro? ¿Por qué no va a poder adornarse el cabello con un turbante de colores? Después de todo, esto es EE.UU. Tierra de hombres libres y hogar de los valientes.

 

Un crisol de culturas.

 

Aunque solo ha estado una vez en Ghana y no habla la lengua de sus padres, se siente orgullosa de ser ghanesa. Está orgullosa de conservar partes de su personalidad que puede controlar. Tal vez no pueda cambiar su nombre cristiano. Tal vez no pueda aprender a hablar twi de un día para otro. Pero sigue siendo ghanesa y las telas estampadas garantizas que todo el mundo también lo sabe.

 

El hombre que se dirige a su trabajo en Accra tendría justificada su vestimenta en Washington DC. En un día gris de otoño, uno podría encontrar normal que estuviera vestido así. Sin embargo, en un país donde las temperaturas raramente bajan de 20 grados Celsius, donde el cielo refleja una multitud de colores dependiendo de la hora del día, y donde el atuendo más respetado, como viste la familia real, es una tela delicadamente tejida que se coloca sobre un hombro a la manera de los dioses griegos, uno se pregunta: ¿por qué no lleva una tela estampada? ¿Por qué mi amiga, al otro lado del océano, abraza firmemente esta tela que está prácticamente desterrada de los lugares de trabajo en nuestro país de origen?

 

Probablemente no lleva la tela estampada porque no está permitido. En muchos ambientes laborales, las telas estampadas han quedado relegadas a las prendas informales de los viernes. ¿Por qué? ¿Por qué existe una distinción tan marcada entre lo “tradicional” y lo “profesional” en África, mientras que en otros lugares la gente está peleando por zanjar esa brecha? La razón, en ambos casos, está sin duda ligada a la política de lo respetable, forjada por el colonialismo. Los africanos, en un intento de transmitir una imagen de inteligencia, sofisticación y profesionalidad, agravan la distinción entre la ropa de oficina y de casa. Según Victoria Rovine, “la construcción de identidades no europeas como tradicionales fue uno de los elementos del proyecto colonial”. Por ello, los “viernes de ropa tradicional” (el día en que se permite a los trabajadores vestir con prendas coloridas, ligeras y aparentemente informales) es una manifestación del dominio colonial en la sociedad poscolonial. La idea de que lo que es local debe quedar relegado a un día especial y catalogado como casual y no profesional es un reflejo de los juicios de valor impuestos por los colonizadores europeos sobre los bienes, personas y modos de vida locales. Pero, aunque las estructuras coloniales aún perviven en los ambientes profesionales, en la plaza pública se cuestionan. La juventud africana rechaza la idea de que las telas estampadas sean emblemáticas de lo auténticamente africano, sobre todo porque las telas estampadas no fueron creadas por africanos.

 

Hoy está en marcha un renacimiento africano, capitaneado por los jóvenes, que permea la cultura popular. Una encuesta de 2020 sobre la juventud encontró que el 76% de los jóvenes africanos creen que este será el Siglo de África. Este argumento se reafirma con el aumento del turismo a países africanos y las noticias sobre el aumento de ventas de textiles africanos en EE.UU. a raíz del estreno de la película Pantera Negra. Sin embargo, aunque las telas africanas se popularizan entre la diáspora, están relegadas a los fines de semana (viernes tradicionales en el trabajo, bodas y funerales los sábados y misa los domingos). Además, este renacer ha llevado a muchos africanos a plantearse si las telas estampadas son realmente africanas.

 

Las telas estampadas, también conocidas como estampados africanos, son de hecho una importación neerlandesa. Los neerlandeses trataron de mecanizar la técnica de estampado de telas de los javaneses, en Indonesia, para acelerar y simplificar la producción de estas telas para el mercado del sur de Asia. Los javaneses rechazaron esta innovación y los neerlandeses pronto encontraron un nuevo mercado en África Occidental. Desde entonces, las telas estampadas se han convertido en un elemento icónico de las prácticas culturales africanas y de la diáspora. Las telas estampadas han resistido el paso del tiempo y se han convertido en una parte central de las “tradiciones” africanas, presentes en momentos importantes para la comunidad como los nacimientos, los matrimonios, las ceremonias espirituales y las muertes. Aun así, una nueva generación de diseñadores y creativos africanos están cuestionando la vigencia de estos estampados en la expresión contemporánea de la identidad africana. Se preguntan si estos nombres, colores y diseños son aún relevantes para ellos.

 

¿Por qué?

 

Pues porque los diseñadores africanos ya no quieren que se les valore por utilizar un único tipo de material. Si un diseñador africano quiere trabajar con sedas francesas, ¿hace eso que sus diseños sean menos africanos? Para muchos, la respuesta es no. No obstante, los miembros de la diáspora, que tratan de conectar con su lugar de origen y quieren poder expresar partes de su identidad que quedan ocultas tras nombres ingleses y acentos occidentales, esperan que los diseñadores sigan creando y exportando más telas estampadas para lucirlas, anunciando sus raíces en lugares de trabajo, festivales y bodas, y en cualquier otro sitio donde pueda exhibirse la cultura.

 

Esta dicotomía ilustra perfectamente la tensión entre el hogar y la distancia: la forma en que las diásporas se aferran a lo antiguo, mientras que en el lugar de origen las personas se rebelan o se amoldan.

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Amma Aboagye

Amma es hija de inmigrantes ghaneses en EE.UU. y se siente orgullosa de haber regresado a Ghana. Tiene más de diez años de experiencia en políticas sociales y de desarrollo, en distintos lugares de EE.UU., Europa y África. Tras completar sus estudios en Cornell, Columbia y la London School of Economics, Amma ha trabajado en escuelas públicas del sur de Louisiana, en el desarrollo de políticas educativas en Ghana, y en la promoción de innovación y alianzas en África Occidental. Amma se considera “intraemprendedora” y es directora y fundadora de The Afropole, una consultoría de inversiones que conecta negocios africanos y de la diáspora para ganar visibilidad en los mercados globales. Amma está siempre buscando formas innovadoras de alterar el statu quo. Sus ideas han aparecido en la BBC, NBC, y Vlisco &Co., entre otras. Cuando no está embarcada en una misión para amplificar la excelencia negra global, puedes encontrarla bailando en Instagram.

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